La delgada línea: María Fernanda Barrero

Cuando observamos el paisaje a lo lejos, lo primero que se nos presenta es el horizonte: esa línea que, para algunos, simboliza la unión entre el cielo y la tierra, pero para otros, marca su separación; un límite visual de nuestra superficie terrestre que, aunque parece fijo, en realidad es infinito.

El horizonte se convierte en un concepto esencial para nuestra relación con el espacio y con la vida misma, asociándose a la idea de expandir nuestro conocimiento, comprensión o experiencia cuando decimos: “expande tus horizontes”.

El concepto del horizonte es el punto de partida de la obra de María Fernanda Barrero, presentada en la exposición La delgada línea, organizada por el Centro de las Artes UDEM. De esta manera, la artista lo explica como una:

“Línea aparente que se dibuja a lo lejos, separando el cielo de la tierra, esa que a veces olvidamos y otras veces simplemente obstruimos con ciudades y edificios, es nuestro horizonte. Es la frontera de la inmensidad, el inicio de la vida que conocemos. Nos rodea con su circunferencia, nos incluye en esta biósfera y nos recuerda el mundo al que pertenecemos”.

Crédito: Cortesía.

Su propuesta nace de la inquietud de cuestionar el paisaje y su horizonte con la única intención de hacernos conscientes de que, como seres vivos, somos parte integral del ecosistema y del planeta, y que nuestras acciones tienen un impacto profundo.

Igualmente, aborda la interdependencia de la vida en la Tierra y nuestra vulnerabilidad ante la vastedad del universo. Su obra se sostiene sobre dos ideas fundamentales que ella misma explica: “Todo lo que existe es parte de una unidad y es una unidad en sí misma”, así como también: “La vida es un sistema multifacético, una red de relaciones y experiencias contenidas en el espacio”.

Barrero también explora el concepto de la “delgada línea azul”, esa franja simbólica visible desde el espacio que marca la atmósfera de la Tierra. El astronauta Chris Hadfield, al compartir su experiencia, mencionó: “Ella (la delgada línea azul) contiene todo lo que es importante para nosotros. Ella contiene la vida”. Lo que sirvió de inspiración a Barrero para observar el horizonte desde una perspectiva más amplia: “La red de vida se refleja en la geometría de las montañas, los tonos de luz al amanecer, los infinitos azules del ocaso, los espirales de las nubes y los patrones de las corrientes marinas”.

A través de sus composiciones llenas de luz, tonalidades azules y patrones naturales, Barrero evoca la interconexión de los elementos que componen nuestro entorno. Con la técnica de pintura con hilos sobre cera, inspirada en el arte Wixárika o huichol, busca evidenciar esa red de la vida en la que todos estamos conectados. El hilo, en su obra, no solo sirve como medio para representar la complejidad de las interacciones entre los seres vivos y los patrones naturales, sino que también, como ella misma dice: “Hace tangible nuestra red de vida y hace visible la maravilla de este tejido que habitamos”.

Crédito: Cortesía.

En un nivel más profundo, Barrero nos invita a mirar más allá de lo inmediato, a ampliar nuestra visión hacia el horizonte, a reconocer los vínculos que nos rodean y a reflexionar sobre nuestra posición en este vasto cosmos en constante movimiento.

La obra de Barrero es un ejemplo de cómo el arte puede fusionar la ciencia y transformarla en una narrativa visual que no solo invita a la introspección, sino que genera experiencias emocionales profundas. Al desdibujar las fronteras entre ambas disciplinas, su trabajo abre nuevas puertas al entendimiento, traduciéndose en piezas que incorporan información científica y elementos de culturas ancestrales.

Crédito: Cortesía.