Es momento de hablar de la Ludopatía

Por: Patricio Carreño Aguilar. Staff 3600 UDEM.

Hace un par de años, estábamos cuatro amigos y yo en un coche de camino a una fiesta, mientras ocurría la semifinal del US Open. El partido era la semifinal entre Carlos Alcaraz y Daniil Medvédev, estaban dos sets a uno a favor de Medvédev, y este iba ganando el cuarto set. Un par de buenos puntos más y el ruso pasaba a la final. En ese momento, uno de mis amigos dijo: “Le voy a meter cinco mil pesos a Alcaraz. Si gana me llevo, más o menos, cien mil”. Los demás sabíamos que era imposible que ganara esa apuesta, pero a él no le importó y lo hizo. Solo pensaba en “puede pasar”. Por supuesto, perdió Alcaraz… y mi amigo perdió cinco mil pesos. Esa es la manera de pensar del ludópata joven. “Puede pasar… y, si pasa, me va a arreglar todos mis problemas”. El meollo con las apuestas es que la mayoría de las posibilidades, que son prácticamente imposibles de que sucedan, en pocas ocasiones sí ocurren, y alimentan la noción de que “existe una posibilidad”. Pero siempre se pierde mucho más de lo que se gana. 

¿Cuándo empezó la ludopatía a ser tan común en los jóvenes? En generaciones pasadas, era muy raro escuchar a un menor de edad o a un universitario decir que quería ir al casino o que se le antojaba meter un par- lay. La palabra momio entró en nuestro lenguaje cotidiano y ya es de lo más normal ver varias apps de casas de apuestas en los smartphones de los jóvenes. ¿Qué significa esto para la sociedad? La ludopatía afecta al que apuesta, pero también a los que lo rodean. Cuando estaba todavía en preparatoria, un ludópata en recuperación, que llamaremos Fernando por cuestiones de anonimato, nos ofreció una conferencia y nos contó su historia. Empezó a apostar a los 14 años y llevó a toda su familia a una deuda impagable. ¿Cómo sucedió?

Un problema real (y en rápido y preocupante ascenso)

Para poder hablar del tema, debemos primero entenderlo. La ludopatía es la adicción sin sustancia más reconocida del mundo y se define como el impulso incontrolable de seguir apostando sin importar las consecuencias que esto tenga en la vida de una persona. Desafortunadamente, no es una condición poco común. Un estudio realizado a nivel mundial por The Lancet Public Health (2024) menciona que alrededor de 80 millones de adultos sufren de esta enfermedad. La cifra puede aumentar rápidamente, ya que, al día de hoy, existen 448.7 millones de personas en situación de riesgo que experimentan al menos un síntoma. La situación se recrudece: solamente el 0.14 % de los involucrados busca ayuda para rehabilitarse. Esta cifra no toma en cuenta a los jóvenes que no son conscientes de que tienen un problema en su comportamiento. 

Antes, el acceso a casinos y casas de apuestas era limitado y la enfermedad era muy poco conocida en México. Hoy pasa lo contrario: con un solo clic, un chavo puede invertir miles de pesos, muchas veces siendo todo lo que tiene. En su edición de 2016, la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) señalaba que solamente

el 0.3 % de la población mexicana cumplía con criterios de tendencia al juego. El aumento es preocupante: la UNAM estimó este año que alrededor del 3 % de la población mexicana sufre de adicción al juego (cuatro millones de personas). Es la misma cantidad de personas que reconocen públicamente tener una adicción a drogas ilícitas. Esta cifra concentra a personas de entre 18 y 40 años —y no considera a la alarmante cantidad de menores de edad que también sufren síntomas de ludopatía—. Como dato interesante, el porcentaje de mujeres que apuestan es mucho menor que el de los hombres, en un 32 % del total.

No queda duda de que este es un problema muy real y que está creciendo rápidamente, especialmente en la población joven del país. Pero, ¿por qué está aumentando y qué significa esto? 

Solamente el 0.14% de los involucrados busca ayuda para rehabilitarse. 

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Punto por punto: analicemos esta enfermedad 

Vulnerabilidad en los jóvenes

La primera explicación de la vulnerabilidad de los jóvenes es respaldada por evidencia: la educación. Un estudio realizado por la Revista Mexicana de Psicología (2018) menciona que las personas con educación secundaria o menor tienen alrededor de tres veces más problemas con el juego que el resto de la población. Esto es un problema muy alarmante en el país, ya que, en México, el 56 % de las personas entre 25 y 64 años tiene como nivel máximo de estudios la educación primaria o secundaria. El propósito primordial de las apuestas es ganar dinero fácil, y la realidad es que la mayoría de los jóvenes no recibe grandes ingresos (salvo mi amigo de los cinco mil pesos). Es mucho más fácil apostarle a tu equipo favorito a que gane un partido que conseguir un trabajo. Si tomamos en cuenta estos dos factores, la pobreza y la falta de educación, se podría argumentar que el aumento de la ludopatía es a causa del deterioro del país. Por supuesto, no hay una relación explícita entre los dos pero la evidencia está ahí: los ludópatas jóvenes suelen tener un pobre nivel escolar y están en situación económica riesgosa. Mientras más pobreza y menos educación haya en el país, más ludopatía habrá.

Factor psicológico 

El factor del que ningún sector de la población se salva es el psicológico —es probablemente el más peligroso—. Para nadie es nuevo que los jóvenes viven en constante cambio. Nos es difícil controlar emociones, somos vulnerables, sufrimos de ansiedad social y estrés académico, entre otros. Somos un blanco perfecto de la ludopatía, una actividad que ofrece un escape emocionante y divertido, sumado a la adrenalina que provoca el poder ganar miles de pesos en cuestión de segundos y la necesidad de vivir nuevas experiencias y gratificación instantánea. ¿Recuerdan a Fernando, el de la conferencia? Empezó a apostar a los 14, en el clímax de este desajuste de emociones y sensaciones que es la pubertad. Sus padres no estaban muy presentes en casa por sus trabajos, pero Fer estaba en una situación económica privilegiada (y como mencionamos, la ludopatía puede afectar a quien sea). Además, tenía algunos problemas de ansiedad social, a causa de la presión que le ponían sus amigos más grandes. 

El propósito primordial de las apuestas es ganar dinero fácil, y la realidad es que la mayoría de los jóvenes no recibe grandes ingresos. 

Influencia digital y publicidad 

Cualquiera que haya visto un evento deportivo en los últimos años, ha visto varios anuncios de plataformas de casinos en línea. La plataforma más visitada de apuestas es Caliente, y entre todas las que hay, se estima que tienen cerca de 50 millones de visitas mensuales. Instagram, en México, tiene 48.75 millones de usuarios activos, lo que significa que las apps y páginas de apuestas tienen casi el mismo número de usuarios que una de las redes sociales más populares El propósito primordial de las apuestas es ganar dinero fácil, y la realidad es que la mayoría de los jóvenes no recibe grandes ingresos. De ese tamaño la magnitud y el alcance que han logrado tener estas plataformas. Un factor muy importante de la publicidad de estas páginas y apps es la atracción al momento de querer “engancharte”. Me refiero a los famosos bonos de bienvenida, que prometen mil pesos gratis en la primer apuesta. Obviamente, a los ojos de un joven, mil pesos “regalados” son un ancla emocionante, aunado a la gratificación instantánea, pero se desconoce que muchas veces estos bonos están llenos de letras chiquitas que impiden retirar la ganancia, si es que hay alguna. 

Por último, está la normalización cultural que vemos hoy en día. En un campus es común escuchar comentarios como: “Ya pegó mi parlay”, “¿A qué equipos le vas a meter el domingo de la NFL?”, “¿Un blackjack o qué?, ¿te da miedo?”. La realidad es que el mundo de las apuestas ya se está volviendo parte de la vida diaria de muchos jóvenes. La cuestión es cuántos de estos individuos realmente tienen un problema o cuántos aceptan que lo tienen. Continúo con Fernando. Su adicción empezó porque el casino al que iba le regalaba los desayunos (una táctica que usan estas empresas para “atraparte”). Comenzó a ir en las mañanas entre clases a desayunar y a apostar poco, dos veces a la semana. Pero rápidamente esas dos veces se convirtieron en tres, en cuatro. Cuando se enteró de que además se podía apostar desde el teléfono, la costumbre aumentó. 

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La ludopatía es una enfermedad progresiva. Mientras más avanza, más dinero apuesta el implicado. 

Impactos en salud y sociedad 

La salud mental, al igual que todas las adicciones, se puede ver gravemente afectada por la ludopatía. Las principales consecuencias son depresión, ansiedad y trastornos de los estados de ánimo, a causa de la dependencia de esta práctica. Las tres afectan las vidas profesionales y personales de los individuos. Fer se empezó a sentir emocionalmente mal, aumentó su ansiedad y desarrolló trastornos como la depresión. Obviamente, él no reconocía que tenía un problema y seguía apostando. Esto causó que se quedara despierto toda la noche con el celular en la mano viendo opciones de apuesta. Dejó de salir con sus amigos, empezó a fallar en la escuela, y mientras todo esto ocurría, sus papás no se percataban del aprieto en el que estaba metido. 

Aspecto económico 

La ludopatía es una enfermedad progresiva. Mientras más avanza, más dinero apuesta el implicado. Las pérdidas a la larga causan fuertes deudas e inclusive la bancarrota. Esto no solo afecta al ludópata, afecta a su familia y a todos sus seres cercanos. Se vuelve normal que pida constantemente dinero, que robe o mienta para pagar sus deudas y, en algunos casos, arrastra a la familia a la misma. Llegó un punto en el que Fernando estuvo con una deuda de cientos de miles de pesos, por lo que empezó a robarle dinero a su papá, para poder pagarla y apostar más. Un día, después de una fiesta, un amigo que tomó alcohol —nunca debió agarrar el volante— le dio ride a su casa y tuvieron un accidente. El conductor falleció y Fernando sobrevivió. El trauma y la culpa fueron tan grandes que Fer le confesó todo a su papá. Este estaba muy impresionado de que no se hubiera dado cuenta de nada. Sabía que su hijo estaba continuamente conectado al celular pero no se enteraba de lo que pasaba. Además, lo había visto bajoneado pero pensaba que era algo pasajero. Desafortunadamente ya era tarde, y la familia estaba gravemente endeudada.

Una adicción intrageneracional

La ludopatía es un problema grave en México y en todo el mundo, que nos puede llegar a afectar a todos. Las posibles soluciones son, para empezar, regular estos servicios, algo que debe venir de una iniciativa gubernamental. El gobierno debería de aumentar las políticas de restricción para disminuir la facilidad del acceso a las plataformas, en especial para menores de edad, además de regular la cantidad de publicidad que hay en eventos deportivos, redes sociales, internet y más.

Fernando fue a rehabilitación y se encuentra en el proceso de recuperación de la enfermedad. Por desgracia, uno nunca deja de ser adicto, por lo que Fer vive una lucha constante. Él decidió concientizar a la mayor cantidad de jóvenes posible, yendo de escuela en escuela, de campus en campus y de conferencia en conferencia.

No todos logran recuperarse tal como lo hizo Fernando. Lo más importante es dejar de ignorar este problema, ya que la ludopatía no es un simple hobby, es una adicción que amenaza la salud y el futuro de todos los jóvenes vulnerables del país. Ignorarlo sería condenar a esta y a futuras generaciones a sufrir toda su vida.