
Donde la comunidad se encuentra: Las revistas universitarias
Por: Brenda Muñoz Muñoz
Las publicaciones universitarias -impresas y digitales- funcionan como espacio de diálogo entre distintas disciplinas, además de ser un medio clave para la formación de las voces críticas de nuestros estudiantes.
Las universidades son ambientes de aprendizaje. Y no me refiero solo a la imagen preconcebida que se nos viene a la mente cuando pensamos en esa palabra (pupitres, profesores dando clase, tareas, etc.), sino más bien a un sitio en el que los estudiantes empiezan a desarrollar sus propias ideas y van construyendo un intercambio de conocimientos y opiniones a través del diálogo, pero sobre todo de la escritura.
Un archivo vivo
A riesgo de caer en el típico lugar común, una revista universitaria es como una cápsula del tiempo. Archiva entre sus páginas los pensamientos, opiniones e inquietudes de una generación y los deja inmortalizados, ya sea en papel o de manera digital, como testimonio de lo que estaba pasando en ese entonces. De lo que éramos en ese momento específico de la historia.
Un ejemplo de ello es la edición 3 de esta misma revista. Era por allá de agosto en un incierto 2020 mientras nos manteníamos confinados en casa viviendo la pandemia por Covid- 19. Y si el día de hoy, en la seguridad de nuestro inicio de 2026, abriéramos las páginas de esa edición, ¿qué encontraríamos? Entre otras cosas, el sentir de la comunidad ante el confinamiento. Y aunque la pandemia quedó en el pasado, es a través de esta revista que podemos mirar hacia atrás y conocer cómo era la vida universitaria en ese entonces. Esa edición se convirtió en una ventana a un pasado que siempre podremos volver a consultar.
Haciendo comunidad
Además de ser un archivo vivo, la revista universitaria en sí también funge como punto de encuentro. Es el sitio donde convergen las voces de los miembros que hacen la comunidad: estudiantes, profesores y colaboradores. En sus páginas encuentran la plataforma para dialogar sus ideas sobre los temas de interés para la sociedad. Y que la UDEM tenga múltiples revistas de varias disciplinas evidencia el dinamismo de su vida intelectual. Porque además de 3600 UDEM, hay un universo de publicaciones, entre ellas Tres Puntos, la revista de la Agencia Informativa; Conciencia Contemporánea, perteneciente a la Escuela de Psicología; Invortex, por la Facultad de Educación y Humanidades, entre muchas otras más que viven de manera digital y son referente para sus respectivas disciplinas, de canales de divulgación y expresión.
Para entender mejor el valor que estas revistas tienen desde dentro, consultamos a algunos miembros de sus equipos editoriales: Miguel Ángel Lapuente Franco, director editorial de Tres Puntos; Nicolás Matías Campodónico, director editorial de Consciencia Contemporánea; y Beatriz Elena Inzunza Acedo, coordinadora de Invortex.

¿Qué lugar ocupa una revista universitaria dentro de la vida académica y cultural de una institución?
Miguel: Ocupa un lugar fundamental. Es un soporte relevante para difundir y almacenar ideas y conocimiento. De igual forma, siempre puede ser un punto de encuentro para una comunidad y eso es una oportunidad.
Nicolás: Es un espacio simbólico y práctico de encuentro: articula la producción intelectual, cultural y creativa de la comunidad. Funciona como un puente entre la formación académica y la difusión pública del conocimiento, consolidando la identidad institucional y fortaleciendo su vida cultural.
Beatriz: Hay dos tipos de revistas: las de divulgación y las académicas. Ambas agregan al bagaje cultural del individuo y resultan fundamentales en un contexto universitario cuyo espíritu radica en el acervo de conocimientos que construyen cada uno de sus miembros en la comunidad.
¿Por qué es valioso que los estudiantes participen como autores, editores, diseñadores o colaboradores en estas publicaciones?
Miguel: Que los estudiantes puedan publicar en estos espacios les ayuda a asumirse como agentes activos de una comunidad que dialoga y debate.
Nicolás: Porque la revista se convierte en un laboratorio formativo: escriben para un público real, editan con estándares profesionales, ejercitan pensamiento crítico, aprenden trabajo en equipo y toma de decisiones, y desarrollan identidad profesional.
Beatriz: Estos espacios funcionan como un laboratorio para que los alumnos salgan con la experiencia que se necesita en habilidades de comunicación escrita.
¿Cuáles consideras los principales desafíos actuales para sostener una revista universitaria relevante?
Miguel: No permitir que se estanque. Así como la sociedad va presentando cambios constantes, las revistas tienen que estar al tanto para que sus contenidos sigan siendo representativos para la sociedad a la que quieren hablarle.
Nicolás: Mantener la periodicidad, garantizar calidad en la edición, evitar la saturación informativa del entorno digital, atraer nuevas voces, asegurar financiamiento y equipos comprometidos, resistir la presión por “lo rápido” y defender el tiempo del pensamiento.
Beatriz: No confundir cantidad con calidad. Con frecuencia nos vemos en la encrucijada de querer “llenar” el contenido de una revista para al menos aparentar que tenemos mucho que decir, pero es necesario detenerse y valorar el uso de cada palabra, que se traduce en tiempo de tus lectores. ¿Vale la pena que esto sea leído? ¿Estoy consciente de que esto puede tener un impacto? ¿Es ese impacto en pro del bienestar social?
Hoy en día las revistas universitarias siguen siendo un espacio que reivindica el valor de pensar, dialogar con calma y escuchar lo que una comunidad tiene que decir. Por eso importan; en ellas convergen disciplinas distintas, preservan la memoria, sostienen la vida intelectual de la universidad e impulsan nuevas voces. Estas publicaciones seguirán siendo el punto donde la comunidad se encuentra.

