
Hacer espacio para la creatividad
Por: Elisa Téllez, Directora del Centro de las Artes UDEM.
Durante nuestra infancia, crear era una forma natural de relacionarnos con el mundo. Nos expresábamos a través del dibujo, la manipulación de la plastilina, la construcción con bloques o la invención de historias. “Todo niño es un artista, el problema es seguir siendo artista cuando creces”, dijo Pablo Picasso.
Sin embargo, al crecer algo cambia. A medida que avanzamos en la vida, dejamos de crear de forma cotidiana y empezamos a pensar que la creatividad es una cualidad que otros tienen, pero nosotros no, y sin darnos cuenta, dejamos de prestarle importancia en nuestro día a día.
La creatividad, entendida como un proceso del pensamiento, no es una habilidad extraordinaria reservada para unos cuantos, sino una capacidad profundamente humana que se manifiesta desde nuestros primeros años. Es la que nos permite generar ideas, establecer conexiones y, sobre todo, llevarlas a la acción mediante la creación. Hoy más que nunca vale la pena preguntarnos, ¿cómo podemos activarla?
Diversos estudios en psicología y salud han demostrado que la participación en actividades creativas tiene efectos positivos en nuestro bienestar emocional y mental. Investigaciones lideradas por Daisy Fancourt, investigadora y catedrática del University College London, evidencian que involucrarse de manera regular en estas prácticas contribuye a regular las emociones, fortalecer la autoestima y desarrollar habilidades para afrontar el estrés.
En entornos como el universitario es común estar inmersos en una productividad constante. Sin embargo, el bienestar sostenido requiere también de espacios de pausa, exploración y expresión, como los que ofrecen las actividades creativas. Estas favorecen estados de concentración profunda en los que se experimenta claridad, disfrute y sentido. Además, mejoran la atención, promueven la flexibilidad cognitiva y fortalecen la resiliencia emocional.

Una de las formas más accesibles de activar la creatividad es a través de los pasatiempos artísticos: prácticas que sin la presión del resultado ayudan a explorar, experimentar y reconectar con el disfrute.
Dibujar, por ejemplo, no exige habilidad técnica previa, sino disposición para observar y traducir lo que vemos; además, solo se necesita un trozo de papel o una libreta, un lápiz o pluma.
La pintura, ya sea al óleo, acrílico o acuarela, invita a experimentar con el color, el error y la intuición; hoy en día, incluso existen kits portátiles que permiten practicar en distintos momentos del día.
La fotografía, que ahora podemos realizar fácilmente con nuestros teléfonos, entrena la mirada para encontrar significado en lo cotidiano y nos invita a poner atención a lo que nos rodea.
La cerámica, especialmente en su versión en frío, es una opción accesible que favorece la relajación a través del contacto con el material. El collage, por su parte, activa la capacidad de establecer conexiones inesperadas, mientras que el scrapbook permite conservar recuerdos e ideas mediante la combinación de imágenes, recortes y distintos materiales.
La escritura libre, finalmente, permite ordenar pensamientos y descubrir ideas que no sabíamos que estaban ahí; basta con una pluma y una libreta para comenzar.
Lo importante no es la técnica o la actividad elegida, sino generar un espacio pausado sin la exigencia de productividad. En este sentido, los pasatiempos artísticos funcionan como un contrapeso necesario frente a ambientes de alta exigencia. Nos brindan instantes donde el proceso importa más que el resultado y donde la creatividad se ejerce y se convierte en acción.

Diversas investigaciones han mostrado que las personas que practican actividades creativas fuera de su jornada laboral presentan mayor satisfacción en su trabajo, mejor desempeño y mayor capacidad para enfrentar el estrés. Esto se debe a que la creatividad, al activarse en contextos distintos, amplía nuestras formas de pensar y facilita un descanso mental más profundo.
Partiendo de la importancia del bienestar integral, en la UDEM nace una iniciativa conjunta entre Capital Humano y el Centro de las Artes: el Club de Encuentros con el Arte. Este espacio surge con una intención clara: ofrecer a los colaboradores un respiro para hacer una pausa en la vida laboral, convivir y reconectar con su dimensión creativa.
A través de técnicas como cerámica, pintura, grabado, serigrafía y collage, se busca generar espacios de relajación, fomentar la convivencia y recordar que la creatividad también forma parte de nuestra vida profesional, y que la creación artística no requiere perfección, sino apertura para experimentar.
La comunidad estudiantil, por su parte, cuenta con múltiples posibilidades: desde asignaturas cocurriculares en artes visuales y escénicas, hasta espacios como el Centro Roberto Garza Sada, donde se ofrecen talleres y horas de práctica libre en disciplinas como cerámica, carpintería, grabado o serigrafía. La invitación es clara: extender la experiencia más allá del semestre y hacer de la creación un ejercicio continuo.

Recuperar estas acciones puede comenzar con gestos simples: dibujar aquello que nos llame la atención, explorar materiales sin un objetivo definido o escribir libremente. Lo importante no es el resultado, sino el espacio que abrimos para nosotros mismos. Como señala Julia Cameron, conocida por su libro The Artist ‘s Way: “la creatividad no es un talento, es una forma de vida”.
En una comunidad universitaria como la UDEM, donde el desarrollo académico y profesional es fundamental, también lo es la construcción de una vida equilibrada y significativa. En este sentido, crear es una forma de habitar mejor nuestro tiempo, trabajo y relaciones. Reconocer que la creatividad siempre ha estado ahí es entender que es precisamente lo que nos impulsa a imaginar, hacer y producir nuevas formas de estar en el mundo.

