
Nosotros los archivistas
Por: Vanessa Balderrama, estudiante UDEM de la Licenciatura en Letras.
En mi cuarto hay un gran clóset de madera. Al abrir sus puertas se revela una estantería repleta de libretas, cada una con una función específica. Por ejemplo, la libreta café contiene mis poemas; la que parece un manuscrito medieval es donde plasmo mis interminables listas del súper, de tareas, compromisos y demás; y la que muestra Almendro en flor de Van Gogh en su portada mantiene registro de todo aquello que me llama la atención, como frases de conversaciones, la letra de una canción o el pan dulce de alguna cafetería. Dentro del clóset también se encuentra una gaveta cuyo interior resguarda diversas fotografías que exhiben los rostros sonrientes de algunas amistades. Y desde el piso, contra la pared blanca, se alzan dos columnas de libros, algunos prístinos, otros no tanto.
Se trata de un impulso que me llama a acumular y resguardar fragmentos tangibles de la memoria y sé que no soy la única que es movida por este sentir. Tú, lector, puede que experimentes esto como muchos otros, que sientas un empujón que te lleve a la búsqueda de la fisicalidad, de su permanencia. No es de extrañar, habitamos una época en la que el mundo se percibe múltiple, fluido, en movimiento, y por ende, su panorama se nos presenta difuso. Su silueta nos es ambigua.

Vivimos en lo que Zygmunt Bauman llama modernidad líquida, se trata del carácter desestructurado y fluido de nuestros sistemas, relaciones y día a día. La modernidad sólida se perdió a finales del siglo XX y, con ella, se desvaneció una era de compromiso mutuo. La liquidez de nuestra realidad nos trae desconexión. Se presta a la huida fácil, la elusividad y la persecución sin esperanza. A cambio, nos ofrece el goce de la inmediatez del instante. Sin embargo, su agotamiento también es inmediato, y nuestro interés se torna en aburrimiento con facilidad.
Este escenario de rápidas transiciones, donde la ingravidez nos domina, es potenciado por la digitalización, lo que nos ha llevado a relegar la memoria al margen a favor de los medios digitales, en donde ya no almacenamos nuestros recuerdos, sino que depositamos grandes cantidades de información para luego encontrar paz en el olvido, ya que sabemos que en una rápida búsqueda podemos encontrar lo perdido. En mi celular guardo 26,954 fotos y 1,367 videos. Cada mes, cuando me hallo acurrucada en mi cama, llega un momento en el que mi dedo se desplaza hacia el ícono de álbum fotográfico en mi pantalla y paso horas enfrascada en un proceso interminable de rememorar, pues sé que a los días volveré a olvidar.

Con cada recuerdo que se pierde en mi mente, creo que también se pierde un trozo de mí, o al menos su historia. Nuestra identidad nunca es fija, lo sé, pero en este contexto hiperdinámico en el que nos encontramos, la identidad se caracteriza por su fragmentación y volatilidad, su construcción sobre valores, discursos y prácticas que se entrecruzan y guerrean entre sí, sumidas en un proceso inagotable de transformación. Es vertiginoso. Es como sentirse en una caída eterna.
Por ello, los objetos tangibles nos atraen. Desempacando su biblioteca, Walter Benjamin concluyó que el coleccionista resguarda objetos no por su funcionalidad, sino que a través de ellos es capaz de confrontar sus pasiones, experiencias, pensamientos y memorias. El vinilo de Caifanes que compramos, la edición especial de Harry Potter que exhibimos en nuestro librero y los diversos triques que resguardamos en cajas no son mera sentimentalidad. Son un esfuerzo activo por mantener un registro duradero de quiénes somos, y quiénes hemos sido, cuando todo parece incierto.
En dos versos, Nicanor Parra expresó: “Nada es verdad, aquí nada perdura. / Ni el color del cristal con que se mira.” (Parra, 1954, p. 37). Y aún así, nos gana el deseo de que una huella perdure. Los objetos que se conservan son, finalmente, un registro de nuestras vidas, el archivo que mantenemos es una arqueología personal que nos brinda estabilidad. Pues a pesar de toda la volatilidad que nos rodea, no estamos dispuestos a renunciar a nuestra memoria.
Referencias
Bauman, Z. (2006). Liquid Modernity. Polity Press.
Benjamin, W. (2009). Unpacking My Library: Architects and Their Books. Yale University Press
Byung Chul, H. (2021). No-Cosas: Quiebres del mundo de hoy. Penguin Random House
Hall, S & Du Gay, P. (2003). Questions of Cultural Identity. Sage Publications
Parra, N. (1954). Poemas y Antipoemas. Nascimento.

