
El descanso como parte del bienestar integral
Por: Silvia Lara, estudiante de la Licenciatura en Médico Cirujano y Partero
Actualmente vivimos en una sociedad donde la hiperproductividad o la “cultura del ajetreo” se ve glorificada, empujando a las personas a un rendimiento constante, incluso si implica dejar de lado su bienestar personal y emocional. A raíz de esto, muchas personas empiezan a quitarse horas de sueño para sumarlas a su día y así abarcar más tiempo de actividad, minimizando su descanso. Esto es común verlo en estudiantes de universidad por su alta carga de proyectos, su vida social y el trabajo, donde el descanso y el sueño dejan de ser una prioridad.
Al poner el sueño de lado para buscar completar una mayor cantidad de tareas en el día se produce un efecto contrario, ya que por la falta de descanso el cuerpo comienza a fatigarse y esto tiene como resultado que las responsabilidades nos tomen el doble del tiempo. La privación del sueño ha demostrado tener una relación directa con la falta de concentración, la pérdida de la productividad y el aumento de errores profesionales y académicos. Dormir poco afecta la reacción del cerebro ante los problemas diarios, nublando la mente y perjudicando la toma de decisiones. Esto sin tomar en cuenta todas las afectaciones fisiológicas que sufre nuestro cuerpo.
Estar siempre enfocados en la productividad y no en el descanso aísla a las personas de sus pasatiempos, actividades recreativas y convivencias sociales, empeorando su estado emocional, creando un círculo de soledad y estrés. Descansar no es perder el tiempo, sino una necesidad biológica que procura nuestro bienestar integral.

Dormir trae muchos beneficios fisiológicos al cuerpo, uno de ellos es que el cerebro por medio del sistema linfático, comienza a liberar toxinas acumuladas durante el día, resultando en una limpieza nocturna. Asimismo, tenemos presente el dipping nocturno donde la presión arterial disminuye entre un diez y veinte por ciento por las noches. Si no obtenemos un sueño de calidad, no se puede llevar a cabo este proceso, manteniendo los vasos sanguíneos tensos e incrementando el riesgo de padecer hipertensión arterial a futuro. Al no tener un sueño reparador, el ciclo circadiano se ve alterado, afectando la secreción hormonal metabólica, que, junto con los altos niveles de cortisol y adrenalina, aumentan los niveles de azúcar en la sangre y contrarrestan el efecto de la insulina.
El sueño se encarga de regular nuestras emociones. La falta de descanso afecta la amígdala, la cual es una zona del cerebro que se encarga de la regulación de las emociones. Al no tener un buen descanso, las personas se encontrarán más irritables, ansiosas, y reactivas. El estrés y cansancio crónico perjudican las conexiones sociales, ya que la empatía y la comunicación se ven afectadas, disminuyendo el bienestar integral de la persona y la comunidad que le rodea.
Observando las consecuencias de la falta de sueño, es importante mencionar que no hay que priorizar únicamente las ocho horas en la cama, sino que hay que enfocarse también en la calidad del sueño. Procurar cuidar estímulos externos como la luz o la temperatura, y evitar ruidos fuertes en la habitación donde dormimos, son ejemplos a tener en mente para lograr un sueño reparador. El sueño fragmentado es otro escenario donde se impide que el cuerpo llegue a las etapas más profundas y restauradoras debido a la interrupción de los ciclos de descanso. Para evitar esto, se recomienda la higiene del sueño, la cual ha demostrado mejorar la calidad del mismo.
Muchas veces, por la vida tan acelerada que tenemos, solemos entrar en piloto automático, concentrados únicamente en los pendientes y preocupaciones, manteniendo el sistema nervioso muy activado, produciendo un estado de estrés crónico. Con altos niveles de estrés, el sistema simpático el cual es parte del sistema nervioso autónomo, activa el modo de “lucha” o “huida” aumentando los niveles de cortisol y adrenalina, esto genera un aumento del ritmo cardíaco y la presión arterial. Si constantemente nos encontramos en el modo de lucha o huida, el sistema va generando un daño al cuerpo, desgastando las arterias y agotando al sistema inmunológico, haciéndonos propensos a enfermedades.
El sistema parasimpático trabaja en conjunto con el simpático, teniendo un efecto contrario al ser el encargado de calmar el cuerpo, permitir la digestión y la reparación celular. Sin embargo, este solo es activado cuando el cerebro detecta que es seguro descansar y apagar el sistema de lucha o huida. Salir de ese estado de piloto automático y lograr tener una pausa para estar presentes, disminuye la sobrecarga mental y nos ayuda a activar el sistema parasimpático para dejar descansar al cuerpo.

Una de las formas más sencillas para lograrlo, es enfocarse en la respiración para lograr regresar al presente y mantener la calma. Algo útil para poner esto en práctica, es el método STOP (Stop, Take a breath, Observe, and Proceed) para la pausa consciente. Es ideal para personas ocupadas, ya que toma menos de un minuto realizarlo. Cada una de sus letras es la señal de un paso.
- S: detenerse, es aquí donde nos tomamos un respiro de todo aquello que estamos haciendo.
- T: tomar un respiro, nos enfocamos en inhalar profundamente.
- O: observar para concientizar pensamientos, emociones y sensaciones físicas.
- P: proceder, a partir de aquí podemos continuar con calma.
El sueño y el descanso son primordiales para los seres humanos, no solo por los beneficios de salud física que traen al cuerpo, sino también porque aportan al bienestar integral personal, brindan la claridad mental para la toma de decisiones, y ayudan a regular las emociones. Descansar no equivale a perder tiempo, sino a permitirnos la relajación del cuerpo y concentrarnos en las tareas del día a día. Esta es una invitación a tomar pausas y dormir con buena calidad de sueño.
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