Cómo olvidar algo

Por Staff 360° UDEM

Con dedicación es posible dejar atrás ciertos recuerdos. El primer paso consiste en reconocer qué situaciones los detonan.

“Somos lo que conservamos en la memoria”. 

La forma en que narrarás tu vida en tu vejez dependerá de qué memorias decidas conservar y cuáles soltar. El cerebro está en un proceso constante de olvido, pero se puede aprender a olvidar de manera deliberada —olvido intencional— y que la práctica fortalezca esta habilidad.

“¿Cómo prever que algo tan trivial traiga esos recuerdos?”. 

En lugar de huir de todas las señales, puede resultar más efectivo recurrir a la sustitución de pensamientos. Si cada vez que miras a tu hermana recuerdas una discusión amarga, entrena tu mente para vincular su rostro con momentos más agradables y positivos. Con práctica, esas evocaciones pueden imponerse a las negativas. También existe la supresión directa: un acto consciente de bloquear el recuerdo.

 “ Es como levantar una mano en la mente y decir : ‘ No quiero pensar más en esto’ ”.

Ambos procesos suelen trabajar juntos, aunque dependen de distintas áreas del cerebro: la sustitución involucra la corteza prefrontal izquierda y la supresión, la derecha. La capacidad de olvidar también está condicionada por la estructura neurológica de cada persona. Investigaciones señalan que el estrés excesivo y la falta de sueño reducen la eficacia del olvido intencional. En cambio, quienes han atravesado experiencias difíciles suelen desarrollar mayor habilidad para hacerlo.

Foto de Kirk Cameron en Unsplash

“ Uno moldea sus recuerdos ”.  

La memoria se activa a través de lo que los especialistas llaman señales de recuperación. Supongamos que intentas dejar de pensar en un mal de amores, pero de pronto, de la nada, en el campus te llega el olor del perfume o loción que usaba tu expareja. De inmediato, las imágenes regresan. Si tu meta es olvidar, conviene identificar esas señales para modificar la forma en que tu mente reacciona. Evitar los detonantes rara vez funciona: un veterano de guerra puede alejarse de todo lo relacionado con su experiencia bélica y aun así transportarse al campo de batalla al ver, por ejemplo, un rifle o escuchar un estallido. 

Si lo que viviste fue traumático, es poco probable que la memoria desaparezca por completo… pero sí puedes reducir la frecuencia e intensidad con que invade tu vida cotidiana. 

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