¿Cómo será la IA en 2075?

Por: Marcela Hernández Coindreau. Estudiante de 2° semestre de la Licenciatura en Psicología. UDEM y Natalia Lizeth Jasso Bárcena. Estudiante de 6° semestre de la Licenciatura en Ingeniería Industrial y de Sistemas, y la Licenciatura en Ingeniería y Gestión Empresarial. UDEM

Le pedimos a dos alumnas que crearan imágenes con IA de cómo se imaginan la inteligencia artificial dentro de 50 años.

Marcela Hernández Coindreau. Estudiante de 2° semestre de la Licenciatura en Psicología. UDEM. 

La inteligencia artificial será una parte esencial de muchos ámbitos de la vida, y no solamente una herramienta más. Hoy en día, la tecnología continúa evolucionando para hacer más eficientes, sencillas y rápidas las tareas del hogar y del trabajo, siempre con el usuario como prioridad. El desarrollo de la IA no será la excepción: a través de dispositivos innovadores y fáciles de usar, las personas podrán integrarla en sus entornos profesionales, académicos y personales.

Elegí representar a una familia para mostrar cómo distintas generaciones podrán darle usos diversos e innovadores, descubriendo incluso cómo la IA es capaz de potenciar la vida humana y su complejidad de acciones. Asimismo, los integrantes de la familia se encuentran en casa con diferentes sistemas que ejecutan las tareas que antes se hacían de forma manual, y les permiten innovar en sus trabajos o actividades.

Es por medio de la colaboración humana y la escucha activa a los usuarios que la IA logrará integrarse en diferentes disciplinas académicas y laborales, así como adaptarse al dinamismo que caracteriza a los hogares.

Imagen hecha con IA por Marcela Hernández

Natalia Lizeth Jasso Bárcena. Estudiante de 6° semestre de la Licenciatura en Ingeniería Industrial y de Sistemas, y la Licenciatura en Ingeniería en Gestión Empresarial. UDEM. 

Me agrada pensar que mi visión puede estar alejada de las representaciones tradicionales de robots humanoides o computadoras gigantes. Al imaginar el futuro de la IA, lo percibo como un escenario mucho más personal e inmersivo, teniendo forma y materializándose en dispositivos casi imperceptibles, como unos sencillos lentes de inmersión y un brazalete inteligente que vaya de la mano.

Creo que esta integración discreta es clave porque permite que la tecnología tenga coherencia y relación con la experiencia diaria que llegamos a vivir sin tener interrupciones, como si esta fuera una extensión natural de nuestros propios sentidos. El que esta sea representada con unos lentes transparentes no bloquea la percepción del mundo real, sino que la enriquece con perspectivas de información digital, al igual que el brazalete ofrece una interfaz táctil y visual constante sin la necesidad de pantallas voluminosas o una gran comunicación con algún estilo de robot.

Los beneficios de esta integración serían revolucionarios en todos los aspectos de la vida: representarían la comodidad y facilidad para el ser humano, que en cierto punto creemos inalcanzable, así como la posibilidad de tener clases y cursos totalmente inmersivos, donde los estudiantes interactúen con hologramas en 3D, visiten lugares históricos virtualmente o diseccionen modelos anatómicos como si fueran reales. Esto transformaría la educación en todos sus aspectos, sería más atractiva, accesible y efectiva, además de aumentar la posibilidad de métodos de enseñanzas mucho más robustos.

Imagen hecha con IA por Natalia Jasso