El graffiti y el marketing

Por: Mayra Meneses

El graffiti ha recorrido un largo camino. Desde las paredes de las ciudades hasta las vitrinas de las marcas más prestigiosas, su viaje como arte es un testimonio de su poder visual y su capacidad para resonar con diversas audiencias, a lo largo de todas las épocas.

Por lo mismo, se ha consolidado como una estética, una voz y un motor del marketing en la cultura pop. Los tags, las bombas y los murales eran gritos visuales que buscaban ser vistos y escuchados. Con el tiempo, esta forma de arte clandestina capturó la atención de la moda, una industria siempre atenta a las tendencias más disruptivas.

Marcas de gran lujo como Louis Vuitton dieron el primer paso al colaborar con pioneros del graffiti como Stephen Sprouse, quien intervino los icónicos bolsos con su estilo. Esta colaboración generó piezas de colección que se vendieron por miles de dólares.

Imágenes: Cortesía

Otra inspiración exitosa fue la de Chanel Graffiti Collection 2014 de Karl Lagerfeld que, incluso ahora, son piezas que destacan como algunos de los accesorios más imaginativos y disruptivos que la casa de moda ha producido jamás. Ambas son muestras de que el arte callejero podía ser valioso en otros espacios artísticos.

Hoy en día, esta conexión se mantiene viva. Somos testigos de infinidad de colaboraciones entre artistas contemporáneos y marcas como Marc Jacobs, Dolce & Gabbana, Coach, Moschino, Adidas, Nike, entre otras. Esta migración del muro a la marca plantea un debate sobre la autenticidad y la mercantilización. Para los puristas, la apropiación del graffiti por el mundo corporativo diluye su espíritu rebelde y su mensaje original. En cambio, para muchos artistas estas colaboraciones representan una oportunidad para validar su trabajo, monetizar su talento y llevar su arte a una audiencia masiva que de otro modo no vería.

El graffiti sigue siendo una fuerza vital que demuestra cómo el arte puede, y debe, desafiar los límites, sin importar si el lienzo es una pared o un bolso de diseñador.

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