Elon Musk y su influencia en la política de Estados Unidos y del mundo

Por: Jason R. Weidner, profesor de Ciencias Sociales. UDEM.

Elon Musk, al diván de 3600 UDEM… ¡oooootra vez!

Elon Musk, fundador de empresas como Tesla, SpaceX, Neuralink y propietario de X (antes Twitter), no es simplemente un empresario tecnológico. Su figura se ha convertido en un actor geopolítico informal, capaz de influir en decisiones que tradicionalmente pertenecían a los gobiernos. Musk no solo participa en debates nacionales e internacionales sobre temas como la libertad de expresión, el cambio climático, la inteligencia artificial o la guerra en Ucrania, sino que en ocasiones parece moldear activamente el curso de estas discusiones, actuando como un poder privado con peso en la política global.

En el contexto estadounidense, Elon Musk ha cultivado una imagen de outsider político. Aunque ha donado a candidatos tanto demócratas como republicanos, en los últimos años ha mostrado una inclinación cada vez más clara hacia posturas libertarias y conservadoras, particularmente en torno a temas como la regulación gubernamental, los sindicatos y la libertad de expresión.

Crédito: Shutterstock.

El rey de X

Su compra de Twitter en 2022 —renombrada X— fue presentada como un acto para “restaurar” la libertad de expresión. Bajo su liderazgo, la plataforma ha reinstaurado cuentas previamente suspendidas por incitación al odio o desinformación, y ha cambiado las políticas de moderación, ganándose el aplauso de sectores de la derecha y las críticas de organizaciones de derechos humanos. Así, Musk ha intervenido directamente en el debate político estadounidense sobre el papel de las redes sociales en la democracia, posicionándose como un contrapeso informal al poder estatal y a las grandes tecnológicas alineadas con valores progresistas. 

Además, su enfrentamiento con instituciones como el gobierno federal (por ejemplo, con la Administración Nacional de Relaciones Laborales o la Casa Blanca bajo Joe Biden) revela una visión empresarial de la política que promueve la desregulación y la autonomía del empresario frente al poder público. Este enfoque conecta con un modelo de capitalismo tecnocrático en el que los CEO hacen negocios y aspiran a dirigir la conversación pública y modificar arreglos políticos previamente establecidos. 

La dimensión internacional de Musk es igualmente reveladora. A través de SpaceX y su red de satélites Starlink, Musk ha adquirido una capacidad sin precedentes para influir en conflictos y decisiones soberanas. Un ejemplo clave es su rol en la guerra en Ucrania. En los primeros meses de la invasión rusa, Musk autorizó el uso de Starlink para garantizar las comunicaciones del ejército ucraniano. Sin embargo, posteriormente bloqueó el uso del servicio para ciertas operaciones ofensivas, como un ataque naval contra fuerzas rusas, alegando que su empresa no quería ser cómplice de una escalada bélica.

Este episodio demuestra cómo un actor privado puede decidir el alcance de una intervención militar extranjera sin rendir cuentas a gobiernos ni organismos internacionales. Como señaló la analista política Anne Applebaum, la geopolítica ahora incluye a naciones… y a multimillonarios con satélites.

Musk y el mundo

Asimismo, Musk ha sido cortejado por líderes de diversas naciones, como China, India y Turquía, que buscan inversiones o cooperación tecnológica. En China, por ejemplo, Tesla mantiene operaciones privilegiadas pese al autoritarismo del régimen, lo que plantea preguntas éticas sobre los límites del pragmatismo empresarial. También ha intervenido en debates globales sobre inteligencia artificial, cambio climático y regulación digital, presentándose como una voz visionaria que anticipa riesgos existenciales. Pero su influencia no está sujeta a mecanismos democráticos ni consensos multilaterales: es la influencia de un individuo con recursos cuasi estatales.

La figura de Elon Musk encarna una transformación más amplia en el orden mundial: el auge de poderes privados con capacidad de intervención pública, sin responsabilidad ante el voto ni el derecho internacional. Esto plantea desafíos serios a la gobernanza democrática, tanto dentro como fuera de Estados Unidos. La envidia de Washington Musk no es un político electo, pero tiene una capacidad de presión que muchos senadores, congresistas o hasta líderes internacionales envidiarían. Sus decisiones empresariales pueden alterar mercados, influir en guerras o modelar el debate público. Esto no ocurre en el vacío: refleja un sistema en el que el poder económico se ha desbordado de sus límites institucionales tradicionales.

Elon Musk es más que un emprendedor. Es una figura que desafía las categorías convencionales de lo político, actuando como empresario, filántropo, provocador y, en algunos casos, como actor soberano. Su influencia en la política estadounidense e internacional proviene de su fortuna y de su capacidad para ocupar un espacio simbólico y práctico en la toma de decisiones globales. En un mundo donde los límites entre lo público y lo privado se desdibujan, Musk representa tanto el potencial transformador como los peligros del poder concentrado sin control democrático. Comprender su papel es clave para entender los nuevos equilibrios del siglo XXI.