
Enero: un inicio hacia nuevas posibilidades
Por Elisa Téllez, Directora del Centro de las Artes UDEM
El inicio del año no es solo un cambio en el calendario: es un momento simbólico de transformación y renovación. Enero irrumpe con la necesidad de detenernos a reflexionar, analizar, meditar, replantear y, en muchos sentidos, renacer. Cada comienzo se presenta como un lienzo en blanco —o como un bloque fresco de barro—, una invitación para cuestionarnos y decidir cómo queremos habitar ese espacio: llenar las horas, los días y los meses de sentido.
Esta magia de enero puede compararse con la creación de una obra artística. Detrás de cada una, hay una idea, un concepto, una intuición, una experiencia personal o una pregunta que detona el proceso creativo. A ello se suman los bocetos, la selección del medio y los materiales, las pruebas, los ajustes y las decisiones que convierten esa intención inicial en algo concreto. De la misma manera, este periodo que se abre no se edifica desde certezas inmediatas ni resultados anticipados, sino desde planes y propósitos que el tiempo se encargará de poner a prueba, ajustar y reformar.

En el arte crear no es un acto lineal o predecible. La creación avanza entre momentos de claridad y de duda, entre saber y no saber qué sigue. Muchos artistas conciben la labor artística como una travesía, donde la exploración, el error y la repetición son inevitables y esenciales. Desde esta perspectiva, comenzar no implica tener todo resuelto, sino estar dispuesto a ir descubriendo. Pensar este mes desde esta lógica permite entenderlo como un territorio de múltiples horizontes, un espacio abierto que se va transformando a medida que habitamos día con día como un lienzo que se cubre o un barro fresco que toma forma.
Crear, también implica borrar o volver a empezar. Cuando dibujamos, pintamos, escribimos, el corregir, eliminar o reformular no responde a una falla, sino en una forma de afinar el proceso. Borrar se vuelve un acto consciente que rediseña lo previo para abrir nuevas alternativas. Así, enero ofrece la oportunidad de soltar aquello que ya no funciona, replantear expectativas y recomenzar desde otro lugar. No exige perfección, al contrario, pide apertura, curiosidad y actitud receptiva.

La creación se entiende como algo en constante construcción, susceptible de ser revisado, reescrito e incluso cuestionado. Esta mirada puede trasladarse al modo en que concebimos el arranque del año: como una experiencia viva que se va modelando con el tiempo, alimentándose de aprendizaje, encuentro y acción. En palabras de Ai Weiwei: “La creatividad es la capacidad de rechazar el pasado, de transformar el estado de las cosas y de buscar nuevas alternativas. Dicho de manera sencilla, más allá del uso de la imaginación —y quizá de forma aún más importante—, la creatividad es la capacidad de actuar”.
Enero, entonces, no es solo contemplación, sino responsabilidad y movimiento. Octavio Paz, en los primeros versos de su poema Primero de enero (1975) lo expresa así:
Las puertas del año se abren,
como las del lenguaje,
hacia lo desconocido.
Anoche me dijiste:
mañana
habrá que trazar unos signos,
dibujar un paisaje, tejer una trama
sobre la doble página
del papel y del día.
Mañana habrá que inventar,
de nuevo,
la realidad de este mundo…

Entrar en el año es aceptar que la realidad que habitaremos se irá construyendo con el tiempo y nuestras acciones. Al final, como toda obra en construcción, cada día se llenará de capas, correcciones y hallazgos inesperados. No se trata de llegar a una forma definitiva, sino de vivir el proceso con atención y responsabilidad. Como escribió Edward Payson Powell: “El año nuevo ha tomado posesión del reloj del tiempo. Todo lo que llega son deberes y posibilidades durante los próximos doce meses”. Y es precisamente ahí, en esa conjunción entre deber y posibilidad, donde comienza nuestra obra.

