
La industria de la nostalgia
Por: Andrea Vargas Ramírez. Estudiante de 8° semestre de la Licenciatura en Psicología Clínica. UDEM.
¿Estamos ante un efecto Lázaro en los medios?
Después de más de una década en los escenarios teatrales, la adaptación de la obra mexicana Mentiras irrumpió en las pantallas chicas, desatando un fenómeno cultural en México y consolidándose como la producción más vista de Prime Video en el país. Su éxito se inscribe dentro de la creciente ola de remakes, reboots y secuelas que han caracterizado al cine de la última década, tendencia que ha favorecido el resurgimiento de obras teatrales, pero también ha “revivido” franquicias cinematográficas emblemáticas, como las continuaciones de Top Gun, Gladiador y Star Wars. Este patrón evidencia que el atractivo de tales producciones no radica únicamente en la creatividad o en la novedad de sus propuestas narrativas, sino en un componente afectivo central: la nostalgia.
En el cine y las series, la nostalgia actúa como un catalizador de recuerdos y emociones que vincula la memoria individual con referentes sociales compartidos, generando un espacio donde lo íntimo y lo colectivo se entrelazan. El auge de los remakes y secuelas de películas del pasado responde, en gran medida, a esta fuerza psicológica.
Las audiencias consumen una historia y la sensación de reencontrarse con un tiempo vivido o imaginado como mejor, más estable o más significativo. Desde esta perspectiva, el cine se convierte en un vehículo privilegiado para el retorno simbólico a experiencias personales y culturales, reforzando vínculos identitarios y comunitarios a través de la reiteración de narrativas familiares. Ante este panorama, surge inevitablemente la pregunta: ¿por qué los seres humanos buscan revivir experiencias cinematográficas del pasado?

Desmenuzando la nostalgia
La nostalgia se conceptualiza como una experiencia emocional compleja vinculada al pasado, que integra dimensiones individuales y componentes sociales y culturales. Se caracteriza por sentimientos de calidez, ternura, satisfacción y alegría, entrelazados con un matiz de anhelo y tristeza ante la irreversibilidad de momentos significativos, posicionándola como una emoción agridulce. En términos funcionales, la nostalgia favorece sensaciones de seguridad y desempeña un papel regulador, con evidencia que sugiere beneficios potenciales en procesos asociados al envejecimiento.
Según el académico de la Universidad de Nueva York, Andrew Higson, la nostalgia constituye una experiencia emocional compleja que puede manifestarse en dos formas principales: moderna y posmoderna. Por un lado, menciona que la nostalgia moderna se caracteriza por la distancia irreconciliable entre pasado y presente, acompañada de un anhelo melancólico por lo perdido. En contraste, la nostalgia posmoderna diluye dicha distancia al presentar lo irrecuperable como accesible a través de la reutilización o el reciclaje de elementos del pasado reciente. Interpretando esto, se puede llegar a la conclusión de que esta emoción, más allá de solo evocar el pasado, opera como un motor emocional que moviliza a las audiencias, les da sentido a experiencias colectivas y resignifica el consumo de los individuos dentro de una cultura. Esta distinción resulta particularmente relevante para comprender la función de la nostalgia en la mercadotecnia. Diversas investigaciones han mostrado que, en comparación con otros estados emocionales, las personas que experimentan nostalgia tienden a estar dispuestas a pagar más por productos, dado que la emoción disminuye la motivación por acumular dinero como fin en sí mismo y fomenta sentimientos de conexión social. El marketing cinematográfico se aprovecha de esta realidad, apoyándose en estos mecanismos emocionales para atraer audiencias por el factor nostálgico y para garantizar la rentabilidad económica de los remakes.
El boom de “los de antes”
El cine y la televisión, más allá de su función de entretenimiento, constituyen productos culturales que influyen en generaciones y fortalecen el sentido de pertenencia social. En este sentido, Mentiras: la serie ejemplifica cómo la nostalgia puede generar efectos colaterales en la industria cultural. Tras su estreno, las reproducciones de Daniela Romo aumentaron un 170%, con la canción “Pobre secretaria” posicionándose entre las más escuchadas; Amanda Miguel registró un incremento del 94% y Yuri del 64% en 10 días. Estos indicadores refuerzan la noción de que el cine y la televisión funcionan como catalizadores de la memoria colectiva y la conexión social, demostrando el poder de la nostalgia como motor de consumo cultural.
Las audiencias consumen una historia y la sensación de reencontrarse con un tiempo vivido o imaginado como mejor. La nostalgia no tiene por qué constituir un obstáculo. Puede ser un punto de partida fértil. Cuando se combina con la innovación, puede dar lugar a obras que honran el pasado mientras construyen narrativas originales que dialogan con el presente. De este modo, la industria cinematográfica preserva la memoria colectiva, fomenta la creación de universos inéditos que representen a las generaciones actuales y proyecta posibilidades hacia el futuro.


