
Las y los profesores… cuando no son profesores
Por: Staff 360° UDEM.
¿Qué hacen las y los que nos dan clases cuando no están en el campus? Un recorrido íntimo a las pasiones de siete académicos de la comunidad UDEM.
José Luis Berlanga Santos. Profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. UDEM.
Sin duda, mi vocación es la docencia, pero tengo algunos pasatiempos que me resultan relajantes y muy disfrutables. Uno de ellos es la música. Suelo ver videos musicales en YouTube y me gustan varios géneros, pero mi favorito es el rock. Algunas de mis bandas favoritas son Linkin Park, Evanescence, Maneskin y The Warning.
Me encanta asistir a conciertos. Se siente una energía que no se percibe al escuchar canciones en Spotify. Además, resulta emocionante la experiencia colectiva. Miles de personas que comparten tu afición por la misma música y por la misma banda, ya sea en lugares pequeños, arenas o estadios.
La música en vivo es fascinante.

Enrique Carlos Mercadillo González. Profesor de la Escuela de Arquitectura. UDEM.
Disfruto profundamente las distintas perspectivas que me regalan los viajes, el arte y las conversaciones con gente nueva. Soy un amante declarado de las sobremesas, de esas donde el tiempo se estira y las ideas respiran. Me encanta visitar museos, practicar la meditación, leer y escuchar música de manera consciente, además de salir a caminar con mis mascotas.
Encuentro una energía muy particular en la montaña: hacer hikes, perderme un rato entre los senderos y tomar distancia del ritmo diario. Ahí, en la naturaleza, recupero enfoque y una claridad que me acompaña de vuelta a la vida de todos los días.

María Eugenia Lazo Montemayor. Directora del Programa Académico de la Escuela de Negocios. UDEM.
Viajar es una de mis grandes pasiones, una ventana al mundo que me permite descubrir elementos asombrosos en la gente que la vida me pone en el camino. He tenido la bendición de recorrer distintos rincones del planeta, desde la Torre Eiffel en París, templos hermosos en Japón, palacios coreanos llenos de historia, hasta lindos lugares en Suiza, donde degusté los más ricos chocolates. Cada lugar me ha regalado experiencias únicas: la biodiversidad asombrosa de Ecuador y Costa Rica, como ejemplos. Cada viaje ha sido un capítulo nuevo en mi historia.
Lo que más valoro de viajar son las personas que he conocido. Me apasiona compartir mi propia cultura con quienes conozco, ese intercambio genuino donde puedo contar historias de México mientras escucho las suyas. Aprender de otras culturas me ha enseñado que, aunque vivamos de modos distintos, compartimos anhelos y sueños, como la búsqueda de felicidad, el amor por la familia, el deseo de dejar huella, de trascender.
¿Cuál viaje sigue? Estoy emocionada por vivir una de mis siguientes aventuras, que es conocer el eje cafetero en Colombia.

José Arturo Zubiaga Sampogna. Director del Programa de Ingeniería Industrial y de Sistemas. UDEM.
Recuerdo aquellas entrañables tardes regias: llegar del colegio y poner MTV para que a las 2:00 pm empezara el Top 20 de los mejores videos musicales. Al aproximarse el recuento de los cinco videos más votados del momento, acomodaba unas almohadas de mi cama simulando la batería, el contratiempo, la tarola, los toms, el splash y el crash. Aún no había internet, mucho menos plataformas como YouTube, y hacer eso era lo más cercano para que un niño de 10 años pudiera escuchar, ver y tocar sus videos musicales favoritos.
Canciones como “Siento que”, de Jumbo, o “Adam’s Song”, de Blink 182, eran interpretadas desde esa habitación. Mis papás, al observar que esa rutina se repetía y que se podría tratar de un pasatiempo en potencia, me metieron a clases de batería, donde aprendí a leer notas y coordinar con mayor ejecución mis pies y manos al ritmo de las canciones. Mi disertación musical ocurrió a los 12 años al tocar “Rayando el sol” y “No ha parado de llover”, de Maná, en un auditorio a reventar en el Instituto de Relaciones Culturales.
En mi cumpleaños 13, mis papás me regalaron una batería, y ahí terminó por concretarse mi pasión. Al día de hoy he podido tocar en estudios de grabación de talla internacional, donde artistas icónicos han ensayado y/o grabado álbumes históricos, así como observar y aprender en vivo de bateristas que me influyeron como Ringo Starr, Travis Barker, José Pasillas y Nathan Followill, entre otros.
En 2017 doné mi batería junto con mis primeras baquetas a la Casa Hogar Santa María en Monterrey, donde las religiosas cuidan a decenas de niños. Mi objetivo era que uno de ellos descubriera una pasión genuina al sostener un par de baquetas y hacer realidad uno de sus sueños.

Alma Gloria Chapa Chapa. Directora del Departamento de Odontología. UDEM.
Armar rompecabezas es una de mis pasiones. Me relaja, me centra y me da esa sensación de paz. Tengo memoria fotográfica, así que apenas veo las piezas, aunque sea rápido, ya tengo una idea de dónde van. Me encanta separarlas por la mesa sin acomodarlas por colores, prefiero que todo empiece como un caos bonito que poco a poco se va ordenando. A lo largo de los años he armado de todo: paisajes, frutas, galletas, personajes de Disney y diferentes festividades del año. Últimamente adopté una costumbre que me fascina: cada vez que viajo busco un minipuzzle de la ciudad que visito, con algo emblemático que capture su esencia. Poco a poco estoy armando una colección que, en el fondo, también cuenta mi historia.
Me gustan los rompecabezas difíciles, esos que te retan y te hacen perder la noción del tiempo. Y sí, me encanta armarlos sin ayuda. Tampoco veo la caja mientras lo hago, siento que cada pieza me va llevando a la siguiente, como si el rompecabezas me contara por dónde seguir.

Amparo María Vázquez García. Directora del Programa de Arte. UDEM.
En imágenes estáticas y en movimiento, reflexiono sobre la memoria, los ritos de paso, contraculturas, nostalgia, retrofuturismo, espacio, el desencanto y el vacío; representaciones femeninas, migración y desplazamientos; cuestiono las relaciones humano-tecnología y la cultura del progreso. Fascinada por observar los fenómenos, prefiero provocarlos. Mi interés por la fotografía empieza desde que tengo uso de razón, cuando visitaba los archivos familiares. La primera foto que recuerdo haber tomado data de mi adolescencia, cuando los rollos se volvieron más accesibles por la llegada de las cámaras digitales. Antes de poder hacer fotografías y videos, los imaginaba y hacía los sets y escenas realidad, aunque nadie fuera a capturarlos. Me gustaba construir imágenes aunque solo se quedaran en mi memoria. Desde que pude hacer la primera fotografía no he parado. Mirar, percibir, sentir… me despierta un fuego que me gusta conservar y compartir. Es casi una reacción capturar imágenes cuando algo llama poderosamente mi aten
ción o cuando quiero ver algo hecho realidad y toca crearla desde cero. Me gusta hacer fotografías con todo tipo de cámaras, la del móvil es mi compañera casi diaria. Las cámaras profesionales y de bolsillo, digitales y análogas, me acompañan cada que puedo y en momentos especiales. Con cámaras estenopeicas y procesos prefotográficos me encuentro en momentos de mayor calma para la experimentación.

Beatriz Elena “Tichy” Inzunza Acedo. Profesora del Departamento de Cine y Comunicación. UDEM.
El colegio de mis hijos es conocido como uno de los “hippies” entre las comunidades de padres de familia. Implica que los papás y mamás nos involucremos en actividades del colegio constantemente, como participar en un huerto o un vivero. En primaria, el compromiso requiere, además, que los papás o mamás interesados demos una clase semanal de 50 minutos, y le demos mantenimiento a nuestra zona.
Yo, por mi parte, pese a muchos intentos de ser señora de las plantas, he matado hasta cactus (no es broma). Entonces uno diría: ¿Pues qué hace esta señora metiéndose en este compromiso? Primero, porque me gusta ser parte de las actividades de mis hijos. Segundo, que ya puedo afirmar que soy “víctima” del cliché de que la naturaleza reduce el estrés y la ansiedad.
La naturaleza, especialmente cuando aprendes a germinar, te enseña de paciencia y de contemplación. Si no has vivido esa experiencia, no sabes la emoción que da ver la primera ramita u hojita que sale de tu tierra después de haber puesto una semilla. Ni se diga cuando sale el fruto o la flor. Es magia pura y siento que vuelvo a épocas más simples donde fácilmente pude haber sido alquimista aprendiendo de las bondades de lo natural.
No sé si es mi pasión, pero definitivamente es mi respiro en una vida de correr y no parar.


