
Los negocios del futuro
Por: Fernando Rodríguez, profesor de la Escuela de Negocios
Cuando me pidieron escribir un artículo sobre los negocios del futuro, tuve mis dudas. Después de todo, los economistas parecemos ser los únicos profesionistas de quienes se espera tengan una bola de cristal capaz de revelar lo que ocurrirá mañana.
Todavía tengo amigos que me llaman para preguntarme cómo estará el dólar la próxima semana o qué acciones podrían generar algún rendimiento extra con el aguinaldo. Al parecer mi formación universitaria incluía, sin costo adicional, un servicio de adivinación financiera sobrenatural.
Lamento romper el hechizo, queridos lectores, pero los economistas no adivinamos el futuro. Lo que hacemos es estudiar el pasado, observar el presente, analizar los incentivos e identificar patrones para construir escenarios posibles. No podemos garantizar lo que pasará, pero sí podemos formular mejores preguntas y con ello tomar mejores decisiones.
Con esta aclaración, acepto el reto: ¿dónde estarán las oportunidades de negocio de la próxima década?
La fiebre del oro tiene un nuevo nombre
Cada época tiene su propia fiebre del oro. Hoy, una de ellas gira alrededor de la inteligencia artificial. Miles de emprendedores corren a desarrollar “algo con IA”, pero no todos se detienen a preguntar quién lo necesita, qué problema resuelve o cuánto estaría dispuesto a pagar un cliente por ello. Y ahí está el primer error.
Una tecnología puede ser extraordinaria y, al mismo tiempo, dar origen a un mal negocio. No basta con que una solución funcione: debe resolver un problema relevante, encontrar compradores y generar ingresos suficientes para cubrir sus costos.
Las tendencias atraen atención; los negocios sostenibles convierten necesidades concretas en valor que el cliente está dispuesto a pagar y que la empresa puede entregar con rentabilidad. Por eso, más que intentar adivinar qué tecnología dominará el futuro, conviene observar los cambios que están transformando la manera en que vivimos, producimos y consumimos.

Cinco campos donde vale la pena mirar:
La automatización para pequeñas y medianas empresas. Muchas pymes necesitan administrar inventarios, atender clientes, elaborar cotizaciones y dar seguimiento a sus ventas, pero no cuentan con equipos especializados en tecnología. La inteligencia artificial y las herramientas digitales pueden ayudar a resolver parte de estas tareas. La oportunidad no consiste necesariamente en desarrollar una nueva tecnología, sino adaptar las existentes a un problema específico. Una empresa que reduzca errores, ahorre horas de trabajo o recupere ventas perdidas, podría justificar un pago por una solución diseñada a su medida. La clave será demostrar el beneficio y ofrecer un servicio que el cliente pueda implementar y mantener sin complicaciones.
Salud, cuidados y longevidad. Vivimos más tiempo y la población mexicana envejece y cada vez seremos menos. De acuerdo al INEGI, el número de hijos promedio en 2025 por mujer es de 1.2, según su encuesta intercensal 2025. Para tomar algo de perspectiva en 1980 era de 4.7. Esto abre un campo de necesidades relacionadas con los cuidados a domicilio, la rehabilitación, la movilidad, el acompañamiento y la coordinación de servicios para adultos mayores. El problema no es solo médico. También logístico y económico; encontrar proveedores confiables, coordinar horarios y garantizar continuidad en la atención puede resultar complicado. Sin embargo, una necesidad social no necesariamente equivale a un negocio rentable, la capacidad de pago, la confianza, las regulaciones sanitarias y la calidad en el servicio serán determinantes. En este sector construir reputación a base de un servicio de calidad puede ser tan importante como diseñar una buena solución.
Eficiencia energética. La energía es un insumo fundamental para producir, transportar y prestar servicios. Cuando su costo aumenta o su disponibilidad se vuelve incierta, las empresas optan por usarla de mejor manera. Esto abre las posibilidades en las optimizaciones de consumo, el mantenimiento preventivo, la optimización de equipos y la identificación de fugas y desperdicios. Para algunos negocios, una solución energética será atractiva si le permite ahorrar más de lo que le cuesta implementarla.

Logística y comercio electrónico. Vender por internet es apenas una parte de la experiencia de compra. También hay que almacenar, preparar pedidos, entregar a tiempo, gestionar devoluciones, y responder cuando algo sale mal. Las grandes plataformas han desarrollado capacidades logísticas difíciles de replicar. Para un emprendedor, competir directamente con ellas es francamente poco realista. Lo que sí podemos hacer es identificar necesidades más específicas: almacenamiento para vendedores pequeños, distribución especializada, manejo de productos perecederos o que necesiten cadena de frío continua, entrega en zonas determinadas, etc. La pregunta no es cómo construir una empresa más grande que los gigantes, sino qué problemas podemos resolver mejor que ellos o qué necesidad concreta están dejando de atender y cómo podemos hacerlo rentable para nosotros.
Servicios para empresas vinculadas con nearshoring. La relocalización de operaciones hacia Norteamérica puede generar demanda de proveedores, mantenimiento industrial, capacitación técnica, logística, automatización y otros servicios especializados. México tiene oportunidades para integrarse en estas cadenas productivas, aunque en este sector tengo que admitir que el crecimiento no está garantizado ya que el crecimiento no se distribuye de manera uniforme y la incertidumbre comercial actual puede jugar un papel importante en la toma de decisiones. Aun así, para un emprendedor, generar soluciones que resuelvan los cuellos de botella en las operaciones de grandes empresas puede ser viable.
Ahora sí; ¿por dónde empezamos? Primero, encuentra un problema concreto. Decir: ”quiero crear una app con IA” no basta. En cambio, descubre qué negocios en tu zona pierden ventas por no dar seguimiento a sus clientes. Segundo, habla con los posibles compradores. Antes de construir, investiga cómo se resuelve actualmente ese problema y cuánto les cuesta, así como las consecuencias que tiene no resolverlo. Tercero, prueba la solución con el menor costo posible; haz una POC (prueba de concepto o Proof of Concept por sus siglas en inglés); comienza con un servicio manual o un prototipo. Lo importante es comprobar si los clientes lo utilizan y si están dispuestos a pagar por ella. Cuarto, haz las cuentas. Calcula tu margen de contribución, el punto de equilibrio y el flujo de efectivo. Vender mucho no significa ganar mucho, y tener utilidades no garantiza tener dinero disponible para pagar a los proveedores empleados y servicios. Y quinto, aprende a vender antes de escalar. Consigue clientes, genera confianza y ofrece un servicio constante.
Recuerda algo importante estimado lector, el futuro de los negocios no pertenece necesariamente a quien adopta primero la tecnología, sino a quien aprende a convertir ese cambio en valor real y soluciones rentables y sostenibles a largo plazo.
Referencias:
Schwab, K. (2016). La cuarta revolución industrial.

