México no cabe en un solo México

Por: Valeria Alcalá Garza, estudiante de la Licenciatura en Estudios Humanísticos y Sociales

Al hacer un intento por definir: ser mexicano, en el nivel personal puede que no todos cumplamos con los estereotipos de nuestra identidad, pero a pesar de no ser fanático del aguacate o no tolerar la comida picante, uno puede seguir sintiéndose muy mexicano. Entonces, ¿qué nos define? 

El territorio nacional abarca 1 960 646.7 km2 (INEGI, 2020) siendo uno de los 20 países más grandes del mundo. Debido a esta gran extensión, el país cuenta con una riqueza climática y geográfica, desde montañas frías y desiertos secos, hasta playas cálidas y selvas tropicales. Incluso México se ubica en el quinto lugar entre los países megadiversos, ocupando en su territorio el 70% de la variedad de plantas y animales del mundo (SEMARNAT, 2018).

Pero no sólo contamos con diversidad geográfica, sino también lingüística. Aunque es el español nuestro idioma nacional, hay 68 lenguas indígenas reconocidas federalmente. Y entre estas, más de 7 millones de hablantes llegando a superar la población de países como Finlandia o Noruega (Davies, 2023).

Crédito: Foto de Ricardo IV Tamayo en Unsplash.

Todos estos factores trabajan en conjunto para proveer el desarrollo de distintos contextos culturales, sociales y económicos. Y al igual que estas diversidades, la mexicanez también se representa de distintas maneras. Desde todos los tonos de piel que nos conforman, hasta el debate popular sobre si una quesadilla lleva queso. Aunque se coincida con valores como la familia y hospitalidad, nuestras diferencias regionales e individuales no demeritan todo lo que nos hace ser mexicanos.

Algo que en lo personal me interesa, es una secuela silenciosa de la colonización. En la actualidad, nuestra identidad colectiva tiene una prioridad impresionante. Por ejemplo, al preguntarse uno de dónde viene, México es una respuesta completa. Y la herencia del apellido, ya sea de origen español, indígena u otro, significa una herencia que no compite contra el título de mexicano. Es decir, que la genealogía no sobrepone nuestra identidad. Incluso el haber nacido en otro lugar o haber dejado el país, no determina cuán mexicanos nos sentimos.

Crédito: Foto de Julieta Julieta en Unsplash.

La diversidad se encuentra entonces no sólo en lo teórico, sino también en la práctica. Por ejemplo, apoyar a distintos equipos de fútbol, degustar diferentes platillos típicos, o incluso contar con arquitecturas que difieren según la historia del suelo que pisamos. Asimismo, el profesar distintas religiones, prácticas culturales o tener diferentes leyendas regionales que habitan nuestro folklore mexicano. La vestimenta, la música y el baile, también llegan a representar nuestras distinciones colectivas. 

Al decir que México no cabe en un sólo México, no nos referimos a que la gran masa poblacional no tiene cupo físico en el territorio. Sino a que las identidades mexicanas no se limitan, ni se pueden definir en una lista de requerimientos. Entonces, para responder a la pregunta sobre qué nos define, la diversidad en la misma respuesta es la que ejemplifica la diversidad de nuestra nación. La pluralidad de Méxicos que existen, es lo que hace que México sea México. 

Referencias:

Davies, P. (2023). Inglés y otras lenguas en México: situación, políticas y posibilidades. Lenguas en Contexto, 14, 86-96.

INEGI. (2020). Panorama Sociodemográfico de México. INEGI. Recuperado de https://tinyurl.com/48rvb48b 

SEMARNAT. (2018). México, biodiversidad que asombra: Abundancia de especies, recursos genéticos y ecosistemas marinos y terrestres le dan el quinto sitio entre 12 naciones privilegiadas. Recuperado de https://www.gob.mx/semarnat/articulos/mexico-biodiversidad-que-asombra#