
No hay corral para todos
Por: Olvia Angélica Morales Montiel, estudiante del 9° semestre de la Licenciatura en Artes. UDEM.
Esta obra habla sobre mi relación con Ciudad Acuña, Coahuila, mi lugar de origen. Aunque no siento un vínculo fuerte, desde niña siempre me intrigaron los caballos sueltos por la ciudad: pastando en lotes baldíos, dentro de un car wash o trotando por las calles como si fueran parte natural del paisaje urbano. Me parecían escenas absurdas, pero también muy nuestras.
A través de estos animales, trato de encontrar un vínculo con mi ciudad que, aunque no sea lo más obvio, sigue siendo parte de lo que me rodea. Comencé a recopilar imágenes de grupos locales de Facebook donde se reportan caballos extraviados, robados o donde simplemente preguntan de quién es, porque apareció en su patio, etcétera.
Hice esto porque no puedo aceptar que aquello que me ha conectado con mi ciudad sea visto como un problema. Son seres vivos, y mientras no se les dé esa dignidad, seguiremos ignorando su valor y lo que reflejan de nosotros como comunidad.










