
¿Qué leemos cuando (aparentemente) nadie lee?
Por: Ana Carolina Soria González. Estudia el 2° semestre de la Licenciatura en Letras. UDEM.
El lugar donde se refugia la literatura
Se dice que la gente en México no lee, pero… ¿hasta qué punto es esto cierto? Mientras que ya no es común ver por las calles a personas con un libro en la mano o en su mochila, también es verdad que hoy, en medio de la globalización y el mundo altamente tecnológico en el que vivimos, existe una infinidad de formatos disponibles para leer que no necesariamente se limitan a un libro impreso. Teniendo esto en mente, ¿será entonces realmente que los universitarios no leen? De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y su proyecto Módulo de Lectura (Molec) 2024, una de cada tres personas tiene el hábito de leer, ya sea revistas, libros, periódicos, páginas web o historietas. Sin embargo, cabe aclarar que este estudio se restringe a medir la lectura con base en esos cinco formatos previamente mencionados.
Al analizar los datos, se observa que en los últimos años cada vez son menos las personas que leen dichos materiales: la última estadística de 2024 indica que solo un 69.6 % de la población lee alguno de esos formatos, en comparación con el 84.2 % en 2015. Pero entonces, ¿México está realmente perdiendo lectores o simplemente estamos presenciando una transición de la literatura hacia otros formatos?
Yo creo que la literatura está buscando otros lugares donde refugiarse. Existen diversos factores que la han obligado a adaptarse, como la economía, que no siempre permite el gasto en un libro impreso o una revista, o el gran desarrollo de otras tecnologías, que se han infiltrado cada vez más en nuestras vidas, volviéndose indispensables para el día a día. Por eso, muchas personas prefieren sacar su celular, tableta o computadora y leer ahí. Y solamente porque hablamos de formatos digitales no significa que no sea literatura… ¿o sí?
En este sentido, el académico José Antonio Cordón señala que “la aparición de los contenidos digitales y la generación de un ecosistema en torno a estos ha generado profundas transformaciones en una tradición de siglos, arbitrando nuevos modelos de producción y recepción […]”. Es decir, la lectura ya no se limita a la práctica individual y concentrada que parece ser la creencia más común socialmente, sino que se complementa con sistemas algorítmicos y plataformas colaborativas que re- definen cómo y dónde leemos. Para profundizar más en este tema, realicé una encuesta dirigida a estudiantes universitarios de entre 17 y 27 años, de carreras tan variadas como Letras e Ingeniería en Tecnologías Computacionales. Reuní 105 respuestas. Una de las primeras cosas que descubrí fue que rara vez leen fuera de cuestiones académicas: solo un 33.3 % lo hace, lo cual no es muy prometedor, pero al menos indica que la lectura sigue presente en sus vidas personales.
También, al preguntar sobre sus formatos de consumo favoritos, los libros impresos ocuparon el primer lugar, seguidos por los ebooks. En tercer lugar aparecieron BookTok y el Fanfiction, luego los hilos en X, y finalmente los blogs personales. Esto refleja una gran variedad de plataformas. Pero la cereza del pastel fue conocer los géneros favoritos de los universitarios de hoy: narrativa, ciencia ficción y fantasía, romance, terror y suspenso, e incluso ficción histórica, con menciones honoríficas al ensayo, la poesía y la mitología griega.
Además, descubrí que un 82.9 % de los encuestados ha leído algún libro o texto gracias a recomendaciones en redes sociales, siendo TikTok el número uno con 54.3 %. Tengo que decir que personalmente también he sido persuadida por mi For You Page para leer y comprar algunos textos, y no me arrepiento de nada. Estas redes sociales son grandes espacios para la creatividad y la imaginación, aunque no siempre sea ese su objetivo. Lo que me lleva a decir que, si bien hay un interés real de los universitarios en la lectura, no se puede decir lo mismo en cuestión de la escritura o creación literaria. La encuesta arrojó que un 58.1 % no escribe textos, e incluso de quienes sí lo hacen, un 38.1 % no los comparte por ningún medio.
Entonces, tomando en cuenta todos estos cambios y tendencias, ¿realmente se está perdiendo la literatura? Los universitarios respondieron en un 40 % que sí, aunque un 32.4 % aseguró que no. Resulta algo confuso, y parece que primero sería importante definir qué es la literatura, que comúnmente se asocia con un libro impreso meramente. Porque si bien muchos opinan que está desapareciendo, las demás respuestas de la encuesta muestran que sigue ahí… solo que en otros lados, como las comunidades digitales y las redes sociales. Es un poco de lo que me compartieron los encuestados en una sección donde dijeron que la literatura de hoy se refugia en internet, en libros virtuales y en medios digitales como Wattpad, Substack o TikTok.

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“Creo que los humanos nunca paramos de contar historias y expresar ideas. Tal vez las grandes novelas y poemas que apreciamos no se están haciendo al mismo paso que antes, pero en internet y por medios así, la gente se sigue expresando”.
Es totalmente cierto. Nosotros somos parte de la literatura, y nuestras historias del día a día que contamos y vivimos son parte de este movimiento. La literatura emana de nosotros y cada palabra que sale se vuelve parte de este enorme rompecabezas que nos ayuda a mantenerla viva, incluso en los lugares más inesperados.
De hecho, recientemente me marcó una pieza digital publicada por la revista Time en Instagram, que hablaba sobre la importancia de dormir, especialmente para los estudiantes. En ella se abordaba cómo el estrés —tanto el que viene de los demás como el que nos imponemos a nosotros mismos debido a la constante competencia— puede infiltrarse incluso en nuestros sueños, impidiendo así un descanso real. Me hizo reflexionar sobre cómo el cuerpo y la mente necesitan pausas, y cómo incluso el contenido breve y visual puede tener un impacto profundo. Este tipo de publicaciones, aunque no sean literatura en el sentido clásico, también nos cuentan algo, nos interpelan y nos transforman. Son parte de esta relación simbiótica que existe entre el ser humano y la literatura.
Las redes sociales son grandes espacios para la creatividad y la imaginación, aunque no siempre sea ese su objetivo.
Todos estos nuevos formatos digitales a los que estamos acostumbrados y expuestos 24/7 son literatura. Son parte de nuestra lectura y de nuestra historia. Cuentan con el mismo poder de llegar a una comunidad y ser amados o criticados por el público. Su presentación no demerita su capacidad ni su esfuerzo por conectar. El claro ejemplo está en la enorme cantidad de autores y publicaciones que han marcado los corazones de las personas, aunque no necesariamente sean consideradas una obra maestra por las
masas. Pero pueden serlo para uno mismo, así como las recomendaciones que me hicieron los encuestados: desde El infinito en un junco de Irene Vallejo, El extranjero de Albert Camus, los artículos “No estás triste, solo dejaste de CREAR” de Lau- Giraldo en Substack, “No hay vuelta atrás” de Melinda Gates, los poemas de Raegans Poetry en Instagram que no dejan de inspirar, hasta el manga Tokyo Revengers de Ken Wakui.
Por todo eso afirmo entonces que la literatura no ha muerto, solo ha cambiado de piel.


