¿Tu teléfono te espía?

Por: Jorge Harari González. Estudia el 4° semestre de la Licenciatura en Mercadotecnia Internacional. UDEM.

Un día estaba platicando de un partido de tenis con un amigo. De repente, en Instagram me empezaron a salir demasiados posts y anuncios de raquetas. Si alguna vez en tu vida te has preguntado si tu teléfono te espía es porque te habrás dado cuenta de que “casualmente” todos los anuncios, reels o publicaciones que ves en redes sociales son sobre cosas que te gustan. ¿Coincidencia? Muchas personas creen que su teléfono los escucha, pero lo que en verdad pasa es más interesante.
Una encuesta en Estados Unidos mostró que el 55 % de la gente cree que su teléfono la espía cuando habla. Pero lo cierto es que ni siquiera necesita usar el micrófono para saber de ti. Algoritmos, cookies o trackers son solo algunas de las formas en que tu celular va creando un perfil y aprendiendo sobre quién eres. Imagínate que un día entras a Instagram y solo ves publicaciones que no te interesan. Obviamente no durarías mucho tiempo en la app. Por eso existen los algoritmos: inteligencias artificiales que aprenden de lo que te gusta, de lo que buscas, lo que miras más tiempo y lo que ignoras. Su propósito parece bueno en un principio: mostrarte contenido que te entretenga para que pases más tiempo en la app. Pero para lograrlo, necesitan conocerte, y mucho. 

¿Cómo saben tanto de nosotros? 

Tranquilo, tu teléfono probablemente no te “espía” con el micrófono. Pero lo que sí hace es registrar todo lo que haces dentro de las apps o en internet. Tal vez no nos escucha pero si nos observa. Y aquí entran las famosas cookies (obvio no las de chocolate). Esas que todos nos hemos encontrado al meternos a una página web y que por lo general nunca les damos importancia. Son unos pequeños archivos que las páginas web guardan cada vez que las visitas. De entrada suenan inofensivas: sirven para recordar tu usuario, el idioma o los productos que dejaste en el carrito. Todo cool con eso. Pero hay otro tipo de cookies, las llamadas “de terceros”, que son las que empiezan a hacernos dudar de qué tan buenas intenciones tienen.

Estas no solamente recuerdan lo que hiciste en una página, sino que te siguen por todo internet, conectando tus búsquedas, clics y visitas. (Qué incómodo, ¿no?) Por ejemplo: buscas “raquetas de tenis” en Google, y unas horas después, sin volver a mencionarlo, Instagram te muestra anuncios de ropa deportiva, pelotas y clases de tenis. No fue coincidencia. Fue el resultado de muchos datos que las cookies recolectaron y que los algoritmos analizaron para predecir tus intereses. Básicamente, no necesitan escucharte porque ya saben qué te gusta, qué buscas, cuánto tiempo pasas viendo algo y hasta las horas en que usas el celular. 

Créditos: Shutterstock

Y la IA, ¿qué tiene que ver con esto?

Si las cookies son las que recolectan los datos, la inteligencia artificial (IA) es la que les da sentido. Imagínate la IA como un cerebro que analiza muchos datos tuyos todos los días: qué te gusta, qué ignoras, cuánto tiempo pasas viendo un video o qué tipo de publicaciones compartes. Todo eso se convierte en información que ayuda a las redes sociales a adivinar qué publicaciones te gustarán, para mostrarte luego. Por ejemplo, si últimamente te interesa el tenis, la IA no solo te mostrará raquetas, sino también ropa deportiva, clases, influencers o torneos cerca de ti. No es coincidencia: los algoritmos aprenden de tus patrones y predicen lo que podrías querer ver o comprar antes de que tú mismo lo sepas. Detrás de cada anuncio que ves en Instagram, TikTok o YouTube, hay un sistema súper complejo que está compitiendo por tu atención. Mientras más tiempo pases mirando videos, posts o historias, más información obtienen de ti y más precisas se vuelven sus predicciones.

Por eso a veces sientes que las redes “te leen la mente”, cuando en verdad solo están procesando cantidades enormes de datos con ayuda de la IA.

Y mi privacidad, ¿dónde queda?

Todo esto es muy impresionante; cómo se recolectan tantos datos, se procesan y muchas veces le atinan a lo que nos gusta. Pero también es muy inquietante. Porque si los algoritmos y las cookies saben tanto de ti, ¿dónde queda tu privacidad?

Durante muchísimos años, las grandes empresas de tecnología han estado recogiendo miles de datos sin que la mayoría de las personas sepa. Pero poco a poco, la gente ha empezado a preocuparse: ¿quién usa mi información? ¿Qué tan seguro es lo que comparto? ¿Y hasta dónde es ético que las empresas sepan tanto sobre mí solo para venderme cosas? Por eso, en los últimos años, se han comenzado a implementar regulaciones para proteger la privacidad digital.

Uno de los casos más importantes fue el de Apple, que hizo algo que cambiaría todo. Apple prefirió proteger la privacidad de sus usuarios y ahora, cuando abres una aplicación en tu iPhone, aparece un mensaje preguntando si permites que esa app te rastree fuera de ella. Algo tan sencillo como poner un botón de “Permitir” o “No permitir” generó un enorme impacto en empresas como Meta (Facebook e Instagram), que dependen justamente de esos datos para personalizar la publicidad. De hecho, se cree que Meta perdió miles de millones de dólares en ingresos publicitarios después de la actualización de Apple.

¿Prefieres un internet más privado pero menos personalizado? Porque bueno, si las empresas tienen menos información sobre ti, la publicidad y los algoritmos van a ser menos precisos, pero al mismo tiempo recuperarás parte de tu control digital. Al final, la línea que divide lo útil de lo invasivo es muy fina. Lo que empezó como una buena idea para mejorar tu experiencia, hoy se ha convertido en algo que pone en juego nuestra privacidad.

Créditos: Shutterstock

Entonces… ¿nos espían o no? La respuesta corta es: no, o al menos no como crees. Tu teléfono no te escucha por el micrófono, pero sí sabe muchísimo de ti gracias a los datos que tú mismo generas al usarlo en redes o en internet. La pregunta ya no es si tu teléfono te espía, sino qué tanto estás dispuesto a compartir a cambio de comodidad y personalización.

Porque, al final, todo esto funciona con nuestro permiso, aceptando términos sin leer, diciendo “sí” a las cookies o dejando activado el rastreo sin querer. No se trata de eliminar las redes o de estar con miedo de que espíen lo que hacemos, se trata de entender cómo funciona este mundo digital para usarlo de manera más consciente y cuidadosa.

Pero bueno, tal vez tu teléfono no te espía… pero definitivamente te conoce… y mucho.