Escuchar va más allá de las palabras

Por: Ricardo Baker, estudiante UDEM de 2.° semestre de la Escuela de Ingeniería y Tecnologías.

Hola, soy Ricardo Baker, tengo 19 años y les contaré un poco de mi experiencia sobre la importancia de escuchar, no solo en la parte espiritual, sino en la vida en general.

Antes que nada, les hablaré un poco sobre mí. Soy una persona muy curiosa que hace muchas preguntas, desde niño solía hacer cuestionamientos a mis maestros y muchas veces me daban respuestas que no me satisfacían.

Después esas preguntas se dirigían a mis directores espirituales y ellos me hacían reflexionar en profundidad. A veces me quedaba callado y no sabía qué responder, pero otras veces daba mi opinión. Y eso me hacía crecer profundamente en mi fe y en mi convicción. Porque al hablar de mis pensamientos, básicamente los manifestaba, me ponía a prueba a mí mismo y mis conocimientos. También, mis directores espirituales no me dejaban hablar a medias y quedarme con razonamientos blasfemos, sino que me pedían hacer una pausa, me corregían y guiaban hacia un pensamiento claro y bien estructurado.

Eso me formó como la persona que soy hoy en día: alguien que no da por hecho lo que dicen los demás, sino que razona antes, siempre profundizando en su propia fe. 

Quiero compartir mi método para ser un buen guía espiritual y conseguir que las personas sean críticas con sus propias ideas: escuchar, preguntar, escuchar y corregir. 

Créditos: Foto de Harli Marten en Unsplash.

Primero presto atención a la persona, cada detalle puede ser clave. Después hago preguntas estratégicas sobre su fe, o el tema de su conversación, le escucho con atención para comprender mejor y ver si hay algo en lo que pueda brindar mi acompañamiento. 

Y eso es todo, se trata de escuchar. La fe y los pensamientos espirituales son algo sumamente íntimo que puede ser difícil de expresar, sobre todo cuando nunca se ha hecho antes. La atención es la clave, sobre todo cuando se trata de apoyar a los demás a fortalecer su fe. He tenido casos donde las personas me comparten lo que les enseñaron en catecismo y, cuando les hago preguntas, muchas veces no saben qué responder o me dicen lo primero que se les viene a la mente, sin razonarlo lo suficiente. 

Una pregunta que me encanta hacer es: “¿Por qué Dios te trajo al mundo?” o su variante “¿Cuál es el sentido de tu vida?” Y, claro, rara vez hay una respuesta; genuinamente ni yo mismo la sé, pero lo importante es dejar que las personas hablen, que te digan sus opiniones, conocer sus pensamientos y sus aspiraciones.

Para finalizar, les platicaré una experiencia que me sucedió en misiones. Tuve en mi equipo a un compañero cuatro años más grande que yo, y a mí me tocó ser el director espiritual. Entonces lo empecé a conocer y me contó que era creyente desde niño, pero no practicante y que realmente no sabía mucho de su fe. Sin embargo, me decía que rezaba mucho y que se analizaba constantemente. Recuerdo hacerle preguntas sobre lo que creía, algunas eran difíciles, y sus ojos se abrían ante cosas que nunca se había cuestionado. Recuerdo especialmente que le decía que estaba totalmente bien decir “no sé” y no tenía que inventarse nada. 

Créditos: Foto de Christian Harb en Unsplash.

Entonces, cuando le preguntaba cosas sobre la biblia y su fe, con una sonrisa y curiosidad me respondía “no sé”, y yo, con paciencia, le explicaba la respuesta. Al final de la misión me dijo que esa dinámica le ayudó muchísimo a entenderse mejor.

¿Y cómo se puede aplicar esto en el día a día? Haciendo exactamente lo mismo, no tienes que ser un filósofo ni experto en el hablar, sino  realmente poner atención en lo que dicen las personas y preguntarles más a profundidad. Y si no saben, tú tampoco tienes que saber. Pueden investigar la respuesta y crecer juntos. 

Y de tarea aquí les dejo algunas de mis preguntas favoritas que me he hecho a lo largo de los años: unas filosóficas, unas cristianas y otras católicas.

  • ¿Qué es la fe?
  • ¿Qué tipo de Dios es mi Dios? ¿Un Dios de amor, alegría, temor o algo más?
  • ¿Por qué existe el mal en el mundo? (Y si Dios es amor, ¿por qué lo permite?)
  • ¿Por qué sentimos dolor cuando perdemos a una persona que amamos?
  • ¿Por qué existe el cielo?
  • ¿Por qué existe el infierno?
  • ¿Qué hay después de la muerte?
  • ¿Por qué no suceden los milagros como en la Biblia? (Y si suceden, ¿en dónde?)

En conclusión, es recomiendo mucho reflexionar sobre su fe y sus conocimientos. Háganse preguntas difíciles y busquen la respuesta para que, cuando alguien llegue con ustedes con la misma pregunta o algo similar, puedan responder. También es bueno ser conscientes de que está bien no saber la respuesta en el momento, pero es esencial buscar e investigar  para después comprender.