
Mano cadena: comunidad como salud preventiva
Por: Abril Garza, Coordinadora del Departamento de Diseño y Multimedia. UDEM
Existen dos fenómenos en la dinámica como hijos únicos y como hermanos. Cuando se es hijo único se nos prepara para que podamos solos con todo, que seamos estables emocionalmente e independientes, incluso se nos reconoce a modo de logro por ser “disciplinados”. Como hermanos uno puede pelear con sus hermanos, sin embargo inconscientemente y en ocasiones muy en el fondo sabemos que tenemos a alguien en quien recargarnos, incluso un ejemplo a seguir o mentor. Ambos casos pueden prepararnos desde pequeños para la vida futura. Pero hay algo que no siempre se reconoce como tal: lo que nos sostiene no siempre es esa habilidad con la que contamos, sino alguien quien estaba por ahí, de cerca o lejos pero acompañándonos.

La independencia está, en mi opinión, sobrevendida. Eso importa, sin duda, pero se confunde en ocasiones con un aislamiento que se realiza con cierta elegancia. El decir “yo pude solo” para mí tiene peso, admirable, si me lo preguntan, ¿pero no es esto aislarse hasta sentir que no necesitas a nadie? Qué cansado hacer todo solo.
Hay una dinámica que escuchaba mucho de niña: mano cadena, ¿qué es? Básicamente si querías salvarte de que alguien te atrapara en un juego, pedías la ayuda de tus compañeros. No había ninguna excusa para no hacerlo.
Las redes de apoyo funcionan de esa manera desde mi perspectiva. Construyen infraestructura que no siempre se ve, no es perfecta, pero a veces es demasiado necesaria. La comunidad que está bien estructurada como la mano cadena no está preparada para conflictos, crisis o algún problema en específico, pero es esa misma estructura la que ayuda a sostener al que más lo necesita.
La amistad, por ejemplo, es algo que se elige, pero las conexiones se dan tan genuinas y profundas que ni siquiera nos damos cuenta en sí a quién escogimos. Pasan varios momentos que ponen a prueba el vínculo y que terminan por hacer consciente que escogimos a nuestro complemento perfectamente imperfecto. Un amigo es un compañero de quejas, no soluciona, escucha (incluso el silencio se aprovecha), profundiza y a veces ayuda a desatar nuditos en la mente y el corazón.

Por otro lado, un mentor opera distinto. Existen mentores de varios tipos, pero quiero resaltar dos. Académico y de vida. Ambos trabajan desde una perspectiva clara, es lo que llamamos “claridad prestada” nos ayuda a ubicarnos sin rescatarnos del todo, no nos resuelve, sino que nos ayuda a nombrar lo que a nosotros se nos dificulta. Ese “espejo” nos muestra una versión de nosotros que muchas veces vemos borrosa. Esto es lo que nos ayuda a prevenir diferentes consecuencias como crisis, estancamientos, etc.
La comunidad creada con amigos, mentores y familia no solo representa vínculos, también brinda un sentido de pertenencia en donde nos reconocemos como una pieza más, pero una pieza única. La comunidad no resuelve nuestra vida, pero sí ayuda a sacarla de un posible aislamiento. Y eso, en términos de salud, no es cualquier cosa.
Entonces ¿cómo unimos las redes, la mano cadena con la salud preventiva? Por ejemplo, un deterioro emocional que se da debido al aislamiento, del cual hablamos a veces, ocurre de manera muy silenciosa. Pero es esta misma comunidad que nosotros mismos construimos la que nos ayuda a notarlo.
Esas redes nos regulan de manera externa presentándonos la perspectiva que perdemos para, de nuevo, sentirnos nosotros mismos, aunque con una valiosa evolución. Los demás nos ayudan a testificar eso que evitamos y que termina siendo insoportable.
Ahora, observándose de una manera menos romántica, es importante también reconocer esas redes que no sostienen, sino enredan. Ciertos vínculos invalidan y esas “comunidades” excluyen en vez de acompañar. Reconocer esto también nos da una mirada honesta de lo que es el mundo allá afuera.

El acto de construir una red de apoyo no es algo que se dé de manera inmediata o cómoda. De hecho muchas veces implica que nos mostremos vulnerables para tomar el riesgo o la oportunidad de que nos conozcan. Aún así, curar tu propia comunidad es cuestión de elecciones y tiempo.
Vale la pena entonces reconocer que la tarea del cuidado de la salud tanto física, emocional y social no es tarea individual.Tampoco se sana en compañía, pero aún en esos momentos que nos tomamos para nosotros mismos, pensamos y tomamos en cuenta algo del exterior.
Podríamos entonces decir que lo que duele, duele menos si nos tomamos de esa cadena, compartimos el peso y nos aligeramos y, en eso tan humano, hay algo definitivamente preventivo.
¿Tienes ya construida tu mano cadena?

