Redescubrir lo cercano

Por: Elisa Téllez, Directora del Centro de las Artes UDEM

Marcel Proust escribió: “El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos”. En un tiempo en el que viajar se ha convertido en sinónimo de descanso, diversión y experiencias, esta frase resulta vigente: quizá la aventura no está en ir más lejos, sino en aprender a mirar mejor aquello que nos rodea.

La curiosidad, el impulso por conocer, indagar y cuestionar, no solo es el motor del aprendizaje, sino también una forma de habitar el mundo. Permite crear conexiones, afinar la percepción y transformar lo cotidiano en algo significativo. En lo individual, fortalece la memoria, el pensamiento crítico y la empatía; en lo colectivo, es el motor del desarrollo científico, cultural y económico. En otras palabras, sin curiosidad no hay descubrimiento ni asombro.

Esta misma curiosidad impulsó el desarrollo industrial de Nuevo León, y hoy puede orientarse hacia una relación distinta con el entorno. Monterrey y su área metropolitana no son únicamente territorios productivos: son también territorios cargados de historia, arte, arquitectura y vivencias que muchas veces pasan desapercibidas en la rutina. En este sentido, el concepto staycation (vacacionar sin salir de la propia ciudad) se vuelve una invitación pertinente: redescubrir lo cercano con una mirada renovada.

Desde esta perspectiva, recorrer la ciudad implica también tomar conciencia del cuerpo en el espacio. Como plantea el artista Antony Gormley, el cuerpo es nuestra primera habitación y la arquitectura una extensión de él. Caminarla, adentrarse con atención y detenerse en sus detalles es también una forma de situarnos. La microaventura no requiere grandes desplazamientos, sino una disposición distinta para encontrar y disfrutar.

Crédito: Foto de Robbie Herrera en Unsplash.

Para quienes se sienten atraídos por el patrimonio arquitectónico, una ruta interesante es la de visitar algunos de los edificios históricos más significativos de la ciudad como El Obispado; la Capilla de los Dulces Nombres; la Catedral Metropolitana; la antigua Estación del Golfo, hoy la Casa de la Cultura de Nuevo León; el Palacio de Gobierno; y el Antiguo Palacio Federal, actualmente LABNL, Lab Cultural Ciudadano. Más allá de sus estilos, estos sitios permiten leer nuestra localidad como un archivo vivo donde se entrecruzan historia, identidad y transformaciones urbanas. Contemplarlos con una libreta en mano convierte el itinerario en un ejercicio de observación activa: registrar formas, texturas e ideas que revelan nuevas capas de significado.

Si el interés se orienta hacia los lenguajes y narrativas contemporáneas, el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) y diversas galerías locales, como HeartEgo, Arte Actual Mexicano, Gotxikoa, Sabotaje, Drexel, Estéreo, entre otras emergentes, ofrecen un acercamiento a prácticas artísticas que cuestionan y expanden nuestra forma de ver el mundo. El arte contemporáneo propone preguntas o nuevas formas de interpretar la realidad, por lo que acercarse a él es también un ejercicio de apertura.

El Museo MARCO presenta durante este verano exposiciones con un enfoque más reflexivo. Una de ellas es Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA que reúne obras de un acervo que por más de cuatro décadas ha impulsado la difusión del arte moderno y contemporáneo en la región. A la par, La Petite Mort, de Gabriel de la Mora, condensa una práctica centrada en la transformación meticulosa de los materiales. Y, como desde hace un par de años, también ofrece Noches de verano, un programa que fusiona el arte y la música.

Un plan complementario es aproximarse a los recintos del Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León en el Parque Fundidora, donde conviven fotografía, cine y artes visuales en la Fototeca, la Cineteca, la Pinacoteca y la Nave Generadores. La experiencia puede extenderse a una visita por Horno3, donde la memoria industrial se convierte en narrativa museográfica.

Crédito: Cortesía.

La historia, por su parte, puede tornarse en otra forma de aventura, a través de los museos del Estado, como el Museo de Historia Mexicana o el Museo del Noreste que permiten conocer y profundizar en nuestro pasado, mientras que el Museo del Palacio de Gobierno ofrece una lectura del devenir regional. A esto se suma la posibilidad de recorrer el Paseo Santa Lucía andando o navegando. A su vez, La Milarca propone una experiencia singular: una fusión de arte, historia y diversas colecciones en una arquitectura única.

Incluso los espacios más familiares pueden resignificarse. El campus de la Universidad de Monterrey, habitualmente asociado a la vida académica, puede explorarse con nuevos ojos: su arquitectura, su arte contemporáneo, su colección prehispánica y sus exposiciones temporales activan otra lectura cuando se contemplan sin prisa.

Durante el verano, el jardín del Centro Roberto Garza Sada alberga una instalación de Ernesto Walker: una coreografía sonora y cinética activada por el viento mediante dispositivos que emiten señales intermitentes. En Diálogo con el Mundial de Fútbol, la obra convierte el viento en un árbitro que pone en tensión fútbol, paisaje y contingencia ambiental. Para ello, el Centro de las Artes UDEM ofrece la posibilidad de agendar recorridos guiados que conectan la producción artística con estudiantes, colaboradores y público externo.

El mes de junio amplían estas posibilidades, el Festival Internacional Santa Lucía adelantará sus fechas este año y ofrecerá durante varias semanas una programación diversa que abarca música, ópera, teatro, danza, instalaciones y exhibiciones. En paralelo, el Mundial de Fútbol ha propiciado iniciativas como Trazos mundialistas, un programa de intervención con murales realizados por artistas internacionales y locales, activando distintos municipios del Estado, convirtiéndolos en galerías públicas.

Crédito: Cortesía.

A estas exploraciones urbanas se suma un patrimonio natural que define la identidad de la región. Las montañas que rodean la ciudad, muchas veces invisibilizadas por nuestros hábitos, ofrecen una presencia dominante que sorprende a quienes las descubren por primera vez. Lugares como Chipinque, Cumbre M, La Huasteca, el Cerro de las Mitras o el Cerro de la Silla propician una experiencia distinta con el paisaje: contemplativa, física y conectada con la naturaleza.

Sea cual sea la opción elegida, la clave está en la disposición: planear con anticipación, observar con detenimiento, reconocer, reflexionar y compartir lo vivido. 

En una ciudad como Monterrey, donde la velocidad y la productividad suelen marcar el ritmo, detenerse y tomarse tiempo puede convertirse en un gesto revelador: no se trata de la distancia, sino de la mirada. Redescubrir lo cercano no solo transforma la manera en que percibimos nuestro entorno, sino también la forma en que nos relacionamos con él. Tal vez la próxima aventura no esté más lejos, sino más cerca de lo que imaginamos.