Lo que vale la pena sostener

Por: Anna José Calderón, Presidenta de la Federación de Estudiantes UDEM

Al finalizar un semestre, solemos hacer una pausa para mirar hacia atrás. Revisamos qué hábitos logramos sostener, qué metas quedaron a medias y qué aprendizajes nos llevamos de los meses anteriores. Esa reflexión se convierte en un punto de partida cuando inicia un nuevo ciclo escolar: llegamos con más claridad sobre lo que funcionó, lo que necesita ajustarse y aquello que queremos seguir construyendo. Ya no se trata de empezar desde cero, sino de avanzar desde la experiencia acumulada, reconociendo tanto los logros como los retos que aún estamos aprendiendo a integrar en nuestra rutina.

También reconocemos ese momento, siempre comenzamos abriendo esa agenda con intención, prometiéndonos ahora sí hacerlo diferente y comprometiéndonos a llenarla todos los días, pero después sentimos que todo se nos viene encima y esa agenda queda incompleta.

Muchas veces intentamos ver este segundo semestre pensando que ahora sí vamos a organizarnos mejor y hacer las cosas diferentes. Pero quizá no necesitemos reiniciar. Tal vez necesitamos detenernos, ser honestos con nosotros mismos sobre cómo estamos viviendo nuestros días y analizar qué es lo que sí podemos sostener realmente. 

Crédito: Foto de Tolu Akinyemi 🇳🇬 en Unsplash.

Como universitarios, estamos constantemente en la búsqueda del equilibrio porque sentimos la presión de poder cumplir con todo al mismo tiempo. Con tantas áreas de nuestra vida exigiendo atención, ese punto medio se vuelve cada vez más lejano. Intentamos ajustar nuestras rutinas para que todo funcione, pero terminamos perdiéndonos en el proceso y, entonces, nada se vuelve realmente sostenible.

Tal vez este semestre no tendría que empezar con una lista de metas nuevas, sino con una pregunta más incómoda: ¿Qué de lo que ya estamos haciendo realmente vale la pena sostener? Crecimos con la idea de que avanzar es hacer más pero, ¿qué pasa si cambiamos el enfoque de agregar a ajustar?

Tal vez el problema no es que no podamos con todo, ya que pocas veces nos detenemos a cuestionar si todo lo que cargamos sigue teniendo sentido. No todo lo que empezamos merece terminarse, y no todo lo que alguna vez fue importante tiene que seguir ocupando el mismo espacio el día de hoy.

Quizás el equilibrio no se trata de tener todo bajo control, sino de reconocer qué áreas necesitan más de nuestra atención. Hay semestres donde lo académico toma prioridad y otros donde lo importante es sostenernos emocionalmente. Y eso también cuenta.

En la vida universitaria, descansar suele sentirse como un lujo o una pérdida de tiempo. Pero el descanso, tanto el dormir bien, como esos momentos de ocio, no es un premio, es parte del proceso que nos permite sostenernos.

Crédito: Foto de Loïc Fürhoff en Unsplash.

Entonces, ¿qué pasa si reconsideramos  esa idea? Y en lugar de exigirnos más, nos enfocamos en construir un sistema que nos permita sostener lo que realmente importa. Adaptar nuestras ideas, proyectos y metas a nuestra realidad.

Tal vez ajustar no significa hacer cambios radicales, sino detenernos lo suficiente para observar cómo estamos viviendo nuestros días y hacer cambios pequeños, pero con intención. Dormir un poco más, dejar espacios de descanso entre pendientes, aprender a decir que no a ciertas cosas o bajar la exigencia que tenemos sobre nosotros mismos también son formas de cuidarnos. La intención de estos cambios no es volvernos más productivos, sino construir una rutina que realmente podamos sostener sin sentir que nos estamos agotando todo el tiempo.

Esto implica hacernos preguntas como:

  • ¿Cuáles son las cosas que necesitan de nuestra atención?
  • ¿Qué podemos dejar ir?
  • ¿Dónde nos estamos exigiendo más de lo necesario?

Más que crear una versión ideal de los próximos meses, se trata de construir una versión posible.

Crédito: Foto de Jeswin Thomas en Unsplash.

Y algo importante, y tal vez incómodo, es aceptar que no todo va a salir como lo planeamos. Habrá semanas caóticas, decisiones que tomar en el momento y otras que tendremos que postergar. Habrá momentos donde el equilibrio no aparece por ningún lado, pero incluso ahí, la forma en la que respondemos también es parte del proceso.

Visualizar el segundo semestre no necesita empezar con todo resuelto desde el primer día. Es decidir cómo queremos vivirlo y qué cosas ya no queremos seguir cargando.

Porque al final, el objetivo no es tenerlo todo resuelto antes de diciembre. Es poder mirar atrás y reconocer el camino recorrido. Entender que todo lo que construimos, con aciertos y errores, tiene sentido dentro de la vida que estamos formando. Porque no solo estamos construyendo un semestre, estamos construyendo la forma en la que vivimos.Y tal vez la pregunta más importante no sea qué queremos lograr en los próximos meses, sino cómo queremos sentirnos mientras los atravesamos. Porque no se trata de correr más rápido, sino de aprender a sostener el ritmo.