
Construir el bienestar
Por: Ana Berenice de la Peña, Directora de Programa Académico de la Licenciatura en Psicología
¿En qué momento comenzamos a tomar las riendas de nuestra salud mental? Con frecuencia, la decisión se toma cuando algo ya no funciona: cuando el cansancio se acumula tanto que se convierte en agotamiento, cuando la preocupación en exceso se transforma en ansiedad, cuando dejamos de disfrutar lo que antes nos hacía bien o sentimos que la realidad nos sobrepasa. Por lo que la apuesta por el cuidado de nuestra salud mental no debería comenzar en una crisis, sino en las pequeñas y simples acciones con las que día a día construimos nuestro bienestar.
Así como nos preocupamos de cuidar nuestra salud física para no enfermarnos, también es necesario implementar prácticas cotidianas que favorezcan nuestra salud mental. La Organización Mundial de la Salud indica que la salud mental no es un estado que se tiene o se pierde de manera definitiva; sino que se encuentra en un continuo y está influida por factores individuales, familiares, comunitarios y sociales. De acuerdo con esta perspectiva, su cuidado debería volverse una constante que nos facilite el reconocimiento de nuestras necesidades y el fortalecimiento de nuestros recursos para afrontar de mejor manera las circunstancias de la vida.
Construir el bienestar es una tarea diaria. Pero ojo, tener bienestar no significa sentirnos bien todo el tiempo, ni evitar las dificultades o tener que mantener una actitud positiva frente a cualquier situación; tampoco es tener que adquirir todo lo que se promueve a favor de un desarrollo saludable. Al contrario, significa que todos los días requerimos desarrollar recursos y practicar estrategias personales que nos permitan ser conscientes de lo que necesitamos para vivir con tranquilidad y sentir satisfacción. Hablamos sobre tomar decisiones que nos lleven a cuidarnos, relacionándonos de manera sana con los demás y contar con la disposición para enfrentar los cambios y desafíos de la vida con la mejor actitud.

En ocasiones vivimos en piloto automático: cumplimos responsabilidades, atendemos pendientes, respondemos mensajes, trabajamos, estudiamos, siempre resolviendo lo urgente, dejando poco espacio para hacer pausas, conectar con nuestro interior y preguntarnos cómo estamos realmente. El malestar no siempre aparece de manera repentina. Muchas veces comienza con pequeñas señales que aprendemos a ignorar, porque nos acomodamos a vivir con ellas para cumplir con todo lo demás. Un primer paso para mejorar nuestro bienestar es prestar atención a esas señales porque escucharnos también es una forma de cuidado.
Por eso, decimos que el bienestar se construye en lo cotidiano: cuando dormimos bien y descansamos lo necesario; en la alimentación de nuestro cuerpo y nuestro espíritu y nos mantenemos activos y congruentes; pero también se construye cuando reconocemos nuestras emociones, establecemos límites, nos permitimos disfrutar el presente con todos los sentidos y muy importante, al mantenernos cerca de las personas que alimentan nuestra alma. Estas son acciones aparentemente sencillas, pero que en contextos de tanta exigencia de productividad se convierten en un verdadero desafío, y que cuando se mantienen en el tiempo, pueden volverse recursos indispensables.
Trabajar en nuestro bienestar también implica reconocer que no todo depende de nosotros. Nuestra salud mental va de la mano con las condiciones en las que vivimos, estudiamos, trabajamos y nos relacionamos. Por eso, hablar de bienestar no debería convertirse en una exigencia más: “debo estar bien”, “debo cuidarme”, “debo ser resiliente”. También necesitamos preguntarnos qué es lo que está en nuestras manos y cuáles son las situaciones que requieren apoyo de otras personas o de nuestro entorno; el bienestar se construye en comunidad.
Las relaciones significativas nos brindan apoyo, seguridad y sentido de pertenencia. Contar con una persona o un grupo de personas con quien podamos hablar con honestidad, compartir nuestras preocupaciones o sentirnos en compañía, hace una gran diferencia en momentos difíciles. Cuidar nuestra salud mental también significa cultivar nuestras redes de apoyo, cimentar relaciones basadas en el respeto y la reciprocidad y aprender a pedir ayuda cuando la necesitamos.

De igual forma, para desarrollar nuestro bienestar necesitamos aprender a poner límites para reconocer qué necesitamos, hasta dónde podemos dar y qué estamos dispuestos a aceptar. No se trata de alejarnos de los demás, sino de encontrar maneras saludables de relacionarnos, escuchando y respetando nuestras necesidades y las de otras personas. En este sentido, la asertividad es una herramienta de diálogo importante. Expresar lo que pensamos, sentimos o necesitamos de manera clara y respetuosa nos ayuda a cuidar nuestros recursos emocionales y mantener relaciones más sanas.
Otro elemento importantísimo para nuestro bienestar es encontrar sentido a lo que hacemos. Una vida llena de pendientes en la agenda puede parecer productiva, pero no necesariamente satisfactoria. Es fundamental preguntarnos qué es de verdad importante para nosotros, cuál es el significado de lo que estamos haciendo, cuáles son las relaciones que deseamos priorizar, qué actividades disfrutamos y cómo podemos aportar a la construcción de una sociedad mejor. La claridad en estas respuestas nos ayuda a tener una vida con mayor significado y enfoque. En la medida en que nuestras metas se acerquen más a nuestros valores, nuestro quehacer tendrá significados más profundos.
Desde esta perspectiva, el bienestar no consiste solamente en hacer cosas que nos hagan sentir bien en el momento. También implica tomar decisiones que nos promueven a volvernos la persona que queremos ser y a la vida que deseamos alcanzar, aunque esto implique, en ocasiones, una renuncia.
Y habrá momentos en los que nuestros propios recursos no sean suficientes. Pedir apoyo también es una forma de cuidarnos. Buscar atención psicológica no debe verse como un último recurso ni como una señal de fracaso. La psicoterapia puede ser útil ante problemas de salud mental, pero también durante transiciones importantes de la vida, dificultades familiares o laborales, procesos de duelo, cambios personales o situaciones que generan estrés. La American Psychological Association señala que las personas pueden acudir a psicoterapia por una amplia variedad de razones y no únicamente ante una crisis o un diagnóstico.
Quizá por eso, apostar por el bienestar mental y emocional no requiere de soluciones complejas ni difíciles. Puede comenzar con algo tan sencillo como detenernos unos minutos, respirar conscientemente y preguntarnos: ¿cómo estoy?, ¿qué necesito?, ¿qué puedo hacer hoy por mi?
Una conversación pendiente, una noche de descanso, un límite necesario, recuperar una actividad que disfrutamos, pedir ayuda o simplemente permitirnos hacer una pausa pueden parecer decisiones pequeñas. Sin embargo, cuando las incorporamos a nuestra vida cotidiana, contribuyen a una vida más saludable y equilibrada.
El bienestar no es un destino al que llegamos, es una práctica que construimos todos los días. No se trata de estar bien todo el tiempo, sino de aprender a escucharnos, cuidarnos, relacionarnos con los demás y pedir apoyo cuando lo necesitamos. Porque construir bienestar no significa esperar a que la vida sea más fácil. Significa desarrollar, día a día, los recursos que nos ayudan a vivirla de una manera más plena, consciente y saludable.

