Una terapia de otra especie

Por: Ariadna Montelongo Valdés

Recién me acabo de reestrenar como mamá perruna. Tras la muerte de mi fiel compañera por más de 15 años, Cata, he decidido adoptar un perrito, gracias a “Proyecto Salvavidas” que me aceptó y reconoció como una buena cuidadora de mascotas. A pesar del dolor que sentí tras haber perdido a Cata, supe que tener otra mascota podría ayudarme a superar este momento tan difícil. Lo supe bien porque en el pasado la compañía de Cata me sirvió para salir adelante de varias situaciones complicadas en mi vida, como la muerte de mi padre o el confinamiento a causa del Covid.

Así fue como me di cuenta que necesitaba la terapia que solo una mascota puede brindar: acompañar mi soledad, calmar mi ansiedad y motivarme para despertar y estar activa todos los días. Y es que, ¿quién no ha sentido tranquilidad cuando ve peces dorados en su pecera? ¿Quién no ha sentido consuelo al acariciar a un perro sentado en su regazo? ¿A quién no se le sale una sonrisa cuando escucha el parloteo de un perico?

Científicamente es bien conocido que las mascotas influyen de manera positiva en la salud y el bienestar de los seres humanos; tienen un impacto psicológico, fisiológico, terapéutico y social. Además, se ha demostrado que la interacción con los animales disminuye los niveles de cortisol (hormona relacionada con el estrés). Y por estudios se ha descubierto que también pueden reducir el sentimiento de soledad, mejorando así el estado de ánimo de sus cuidadores, entre muchos otros beneficios.

Perros, aves, caballos, delfines… cada especie tiene su manera de aportar alivio en el ser humano en mayor o menor medida. Y es que, a pesar de nuestras diferencias, la naturaleza nos llama a la sana correlación e interacción.

Enfocándonos en los perros (especie a la que le tengo mucho cariño), ¿qué es aquello que hace que perro y ser humano estemos tan conectados? Al igual que su antepasado el lobo, el perro vive y trabaja en sociedad. Si se separa de su manada y se le introduce a un ambiente distinto, donde sus únicos compañeros son personas, traslada su comportamiento social a su nueva “manada”. De esta forma, aprende a socializar con los humanos, adoptándolos como parte de su familia.

Cabe mencionar que la relación entre perros y humanos se asemeja, por ejemplo, a cuando nos enamoramos perdidamente de nuestro crush. Con tan solo cruzar miradas en ambos se libera un cóctel de hormonas conocidas como las “drogas del amor y la felicidad”, entre ellas la oxitocina. Por esto es que la interacción con nuestro can nos resulta tan adictiva.

Los animales son sabios y con un manejo de energía mucho más avanzado que el de los seres humanos. A veces pasa que no sabemos cómo lidiar con ciertas situaciones, y las mismas mascotas, en su bondad, aparecen como diciéndonos: “Mira, yo sí sé qué tienes, te puedo ayudar a manejarlo”. Incluso hay quienes aseguran que las mascotas los han ayudado a superar enfermedades como el cáncer o el asma.

Un par de días atrás me sentía deprimida y sin ganas de nada, sin embargo, mi obligación de madre perruna me impulsó a ponerme en pie para sacar a pasear a Roque, mi nuevo perrito. Mientras caminábamos por el parque, me di cuenta que él buscaba mi mirada constantemente; comprendí que no solo quería conectar su mirada con la mía, sino asegurarse de que yo estuviera sanando mi depresión, y sintiendo un poco de felicidad.

Es así como en solo un par de semanas, Roque, un perrito criollo de 11 meses, me ha aceptado como parte de su manada. Se ha convertido en mi terapeuta personal, mi compañero de duelo, mi alarma para despertar, mi motivo para ejercitarme… y mi dosis diaria de oxitocina, serotonina y dopamina. Con todo esto no quiero decir que una mascota sustituya el ir a terapia psicológica. Indudablemente es necesario darnos el espacio para sanar nuestras heridas emocionales de la mano de un profesional. El papel de las mascotas en nuestra vida tiene otro sentido cuando comprendemos que su apoyo nace desde el agradecimiento y el amor incondicional hacia nosotros. Su misión en la vida es ofrecernos su cariño incondicional.


Foto por Letícia Pelissari en Unsplash